martes, 14 de octubre de 2008

DERRIBO CONTROLADO


¿Destrucción creadora?

MIGUEL ÁNGEL AGUILAR 14/10/2008

Habíamos advertido, en línea con Paul Krugman, que el grito de ¡sálvese quien pueda! era la antesala del pánico generalizado y que cualquier intento de buscar una salida por lo particular a la crisis que nos invade estaba condenado al fracaso. De ahí la necesidad de que reapareciera la Unión Europea para devolver la racionalidad perdida. Nicolas Sarkozy, presidente de turno del Consejo Europeo, después de marear penosamente la perdiz convocando por separado sólo a los otros tres países que comparten con Francia la condición de miembros del G-8, ha reunido por fin el pasado domingo -por primera vez a nivel de jefes de Estado y de Gobierno- a los 15 socios que comparten el euro para fijar las bases de una posición común, única capaz de propiciar la recuperación de la confianza. Que se haya sumado el Reino Unido, cuyo primer ministro Gordon Brown había marcado pautas previas de reconocida perspicacia, supone un refuerzo significativo en la misma senda.

Ahora la cuestión que debe explicarse a los ciudadanos son las garantías y contraprestaciones que derivarán del respaldo ofrecido por los fondos públicos para garantizar el funcionamiento y los flujos crediticios de las instituciones financieras de los que depende la normalidad de la vida económica. Abandonemos a Cristóbal Montoro, empeñado de modo exclusivo en la denuncia de los comportamientos del presidente Zapatero, como si hubiera de ser considerado la fuente de todos los males que nos invaden, el chivo expiatorio cuyo sacrificio ritual liberaría de todos sus pesares al mundo, del uno al otro confín, y permitiría el plácido regreso a la senda de la prosperidad, "que tú", Ánsar, "bordaste rojo ayer". Veamos, por ejemplo el editorial de The Observer que recuerda cómo hemos pasado del crunch a la crisis y de la crisis al pánico y considera acertada la decisión de Brown de aportar dinero directamente al balance de los bancos y tomar parte de su propiedad como contrapartida. Porque estima que sólo un rescate sistémico estabilizará la situación.

Enseguida señala The Observer que sería pedir demasiado a los contribuyentes sobre quienes gravarán estas medidas si no se añadieran las explicaciones de qué compensaciones obtendrán, algunas de las cuales considera no negociables. Por ejemplo, que el gobierno esté representado en los consejos de esos bancos y en los comités de remuneraciones; que el Estado maneje sus acciones de modo que se produzca el mejor retorno para los contribuyentes; que los bancos no guarden en reserva su nuevo capital, porque el rescate sólo está justificado si brinda liquidez a la economía. Luego, el prestigioso dominical británico reclama la necesidad de emprender una amplia reforma de la City, que elimine el anonimato en las transacciones sobre derivados de forma que además esas cuentas queden abiertas al escrutinio de las autoridades, que sea obligatorio el mantenimiento de determinadas ratio entre deuda y capital. Todo un programa que aquí, en España, lleva años aplicándose en muy buena parte tras la vacuna de la crisis bancaria de los ochenta. [+]

Seguir a Miguel Ángel Aguilar, sus columnas de los martes, es un ejercicio casi de obligado cumplimiento. Sus palabras bien documentadas sirven para poner claridad en el panorama político o económico. Sirva como ejemplo esta columna donde se reconoce la intervención de los estados en poner a flote el sistema financiero, lo tarde y lo lento que actuó la Unión Europea como tal y las exigencias que se deberían cumplir una vez que se haya superado este periodo. Que se acabe con la economía de casino y los responsables sean puestos ante un juez.