domingo, 23 de noviembre de 2008

NADA JUSTIFICA A ÓSCAR [MALEVO] FERREYRA



Putos y malevos

Por Sandra Russo

El Malevo Ferreyra terminó siendo un pobre infeliz sobreadaptado. Un falso titán que jugó sucio porque sus superiores se lo mandaban. Un esforzado cadete que hizo los trámites que le pedían. Matar a éste, matar a aquél. “La policía tiene que adaptarse a cualquier tipo de gobierno y somos nosotros los que tenemos que pagar las consecuencias”, dijo mientras su sobreadaptación se dirigía a Crónica TV, y estaba a punto de ofrecerse en un sacrificio sádico de dimensiones notables, toda vez que ahora hay que cuidarse de la espantosa visión del “documento histórico”, esto es: su éxtasis, agonía y muerte.

Tienen eso los malevos, y no lo tienen los putos, que son los antagonistas que les tocan. Tan infeliz fue Ferreyra, que no murió como un valiente, sino como un cholulo. La lectura de la realidad que hacía el ex policía quedó marcada por las palabras ya transcriptas. El se adaptó a lo que había que adaptarse, en la provincia que gobernaba Bussi. Y se adaptó mejor que nadie. Su fama de malevo llegó acompañada de sus primeros crímenes flagrantes. No hacía lo que había que hacer. Era un malevo. Iba más allá. No buscaba detener. Buscaba exterminar. Y a su alrededor, en esa provincia que después lo votó a Bussi, la gente hablaba del Malevo Ferreyra con admiración, como si ir más allá de un límite cualquiera fuera una virtud muy masculina. Lo estoy viendo en una foto: mira a cámara recio, como un galán de Pasión de Gavilanes. Cruza los brazos con la camisa negra arremangada en los codos. Un solo botón desabrochado. Las patillas canosas le envuelven la cara como un collar surrealista, los bigotes tupidos sugieren testosterona, las bolsas en los ojos le dan experiencia, y el sombrero Panamá lo caracteriza. Es un disfraz del malevo rural que acecha en un Lejano Oeste autóctono, en un más allá o un antes de la ley, salpicado con una pizca de falangista. [seguir leyendo]

No creo que Óscar [malevo] Ferreyra se sea un pobre desgraciado víctima del poder al que servía. No y no. Creo que era consciente de lo que hacía y de cómo utilizaba la violencia, sólo explicable por el desprecio por sus víctimas, pero es fácil para “conciencias flexibles” atribuir la responsabilidad a terceros. Los militares han inventado lo de “obediencia debida” para salvaguardar esa conciencia gelatinosa que les caracteriza y ahí, en ese refugio, intentan guardar sus desmanes. No hay justificación posible, ningún atenuante se puede aplicar a comportamientos como el de Ferreyra, así que quitarse la vida sólo fue un acto de machismo barato, de huida hacia adelante y que no impresiona a nadie y menos da pena. Quitarse la vida aquí es un acto de cobardía porque delante de un juez tendría que reconocer, por lo menos oír, cómo violentaba los derechos de otras personas sin ningún freno. Lo dicho en otro momento, que no descanses en paz Ferreyra, y que las miradas de quienes perdieron la vida en tus manos o fueron torturados, así como sus voces te atormenten para siempre.