martes, 4 de noviembre de 2008

LA GRECIA CLÁSICA EN EL PRADO

Sátiros de Praxíteles (detalle).
La obra de la izda. de la colección del Museo del Prado, la
de la derecha de las Staatliche Kunstsammlungen Dresden

El Prado, entre dioses y hombres
La colección de escultura clásica del Museo Albertium de Dresde sale por primera vez de Alemania para recrear los momentos clave del arte antiguo


ÁNGELES GARCÍA - Madrid - 04/11/2008


Las salas del Museo del Prado servirán estos días como excelente contexto para una constatación infalible: la belleza en la antigua Grecia era atributo de los dioses, y eso era algo que en raras ocasiones disfrutaban los humanos. Zeus, Atenea, la Ménade, son buenos ejemplos de ese concepto de la belleza absoluta plasmada por algunos nombres de resonancias míticas como Fidias o Praxiteles. Bajo el título de Entre dioses y hombres, el Museo del Prado abre mañana al público una gran exposición dedicada a la escultura clásica. Las réplicas que de las desaparecidas obras griegas hicieron los romanos han sido restauradas para esta muestra, articulada en torno a 46 obras maestras procedentes del Museo Albertium de Dresde: un conjunto que sale por primera vez de Alemania. El propio Prado aporta 20 piezas de sus fondos de escultura.
La exposición fue inaugurada por el rey Juan Carlos ayer por la tarde, aunque por la mañana se le había adelantado Durão Barroso. El presidente de la Comisión Europea, de visita oficial en España, había pedido visitar la exposición Rembrandt contador de historias. Pero después, guiado por el director del museo, Miguel Zugaza, se sumó a los periodistas en la presentación de Entre dioses y hombres.
La belleza y la dicha de los dioses clásicos la encabeza Zeus. El ideal humano durante el siglo V y IV antes de Cristo se plasma en cuerpos de proporciones perfectas esculpidas originalmente por Fidias, Mirón, Policleto y Praxiteles. En ese periodo, los rostros de las esculturas van suavizando el hieratismo que les proporciona esa perfección máxima para humanizarse poco a poco. Las representaciones humanas de la época ofrecen un contrapunto muy sorpredente: el dolor por la brevedad de su vida se refleja en unas caras llenas de muecas de angustia. El equilibrio queda en posesión de los atletas, a medio camino entre lo divino y lo humano, como se ve en la cabeza de un joven atleta o en el archifamoso efebo de Dresde, una de las estrellas de la exposición. [+]

Pues creo que es una oportunidad y un placer ver este conjunto de obras reunidas en El Prado. Lástima que quedemos tan lejos, pero hay que hacer el esfuerzo -arañar el fondo del bolsillo- por ver esta importante colección. (Todavía no hay Tele-transportación, dependemos de las compañías aéreas).