martes, 22 de julio de 2008

RESENTIMIENTO



Cuando intento analizar el resentimiento y quien y como lo padece me acuerdo de lo que he leído de Jean Amery (1912-1978) que es verdad que muchos intelectuales, filósofos lo han hecho, pero me parecen convincentes y claras sus palabras. Como él reivindicaba el derecho al resentimiento, no creo que de forma ilimitada, lo hace desde una posición que justifica, si cabe esta expresión, de una persona que ha sufrido tortura. Él mismo reconoce: “que hay que tener cuidado y no exagerar. Lo que se me infligió en aquella inefable cámara de Breendonk no fue ni con mucho la forma más grave de suplicio”. También afirma que: “la tortura es el acontecimiento más atroz que un ser humano puede conservar en su interior”.

Y así describe los momentos en los que sufrió la tortura: “Para realizar el análisis de la tortura que me he propuesto, por desgracia no puedo ahorrar al lector la descripción objetiva de cuanto sucedió, sólo puedo intentar hacerlo de forma concisa. Del techo abovedado del búnker colgaba una cadena que corría en una polea, de cuya extremidad pendía un pesado gancho de hierro balanceante. Se me condujo hasta el aparato. El gancho estaba sujeto a la cadena, que esposaba mis manos tras mis espaldas. Entonces se elevó la cadena junto con mi cuerpo hasta quedar suspendido aproximadamente a un metro de altura sobre el suelo. En semejante posición, o más bien suspensión, con las manos esposadas tras las espaldas y con la única ayuda de la fuerza muscular, sólo es posible mantenerse durante un periodo muy breve en posición semi-inclinada. Durante esos pocos minutos, cuando ya se han consumido las únicas fuerzas sobrantes, el sudor nos cubre la frente y los labios y comenzamos a resoplar, no se podrá responder a ninguna pregunta. […]. La vida recogida en un único, limitado sector del cuerpo, es decir, en las articulaciones del húmero, no reacciona, pues se encuentra agotada completamente por el esfuerzo físico. Un esfuerzo que ni siquiera en personas de constitución robusta puede prolongarse mucho. En cuanto a mí respecta, tuve que rendirme pronto. Oí un crujido y una fractura en mis espaldas que mi cuerpo no ha olvidado hasta hoy […]. Tortura, del latín torquere, luxar, contorcer, dislocar: ¡Toda una lección práctica de etimología!

No se me oculta que el resentimiento no sólo es un estado antinatural, sino también lógicamente contradictorio. Nos clava a la cruz de nuestro pasado destruido. Exige absurdamente que lo irreversible debe revertirse, que lo acontecido debe cancelarse. El resentimiento bloquea la salida a la dimensión auténticamente humana, al futuro. No se me escapa que el sentido del tiempo de quien es presa el resentimiento se encuentra distorsionado, trastocado, si se prefiere, pues desea algo doblemente imposible: desandar lo ya vivido y borrar lo sucedido.

[Los fragmentos seleccionados están recogidos en: Jean Amery. Más allá de la culpa y la expiación; tentativas de superación de una víctima de la violencia. PRE-TEXTOS, 2001.

No hagamos de nuestro resentimiento particular no comparable con lo expuesto un intento de ejercer un derecho sin límites.