viernes, 11 de julio de 2008

DECLARACIÓN DE SANTANDER

Creo que es el momento de plantearse seriamente la regulación del final de la vida. Como ciudadanos libres, responsables y con capacidad de decisión, se debe regular la potestad que tenemos como individuos para resolver el final de nuestras vidas. Una parte importante de la sociedad creo que tiene puestas sus esperanzas en el Partido Socialista Obrero Español [PSOE] para que regule debidamente este derecho, porque lo es. Me sumo a la declaración de Santander.


Los abajo firmantes, reunidos en el marco del curso de verano organizado por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo [UIMP]

y titulado "Muerte digna: asistencia ante la muerte", declaran que:

1. Ha llegado el momento para debatir en la sociedad española, diferentes cuestiones relacionadas con el final de la vida, como el suicidio asistido y la eutanasia.

2. Es absolutamente necesario desmitificar la realidad de la muerte, tanto en la sociedad en general como en el ámbito sanitario y hacer pedagogía positiva de la misma.

3. La adjetivación de "nazismo" o de "homicidio eutanásico" son falsas insultantes y están fuera de la realidad, de los planteamientos eutanásicos manejados en la actualidad, tanto desde el punto de vista filosófico, medico, científico, teológico, jurídico y otros.

4. El ser humano, aun en medio de su vulnerabilidad, y en tanto que persona, disfruta del derecho a la autodeterminación, libertad, dignidad y otros, que le permiten disponer de su vida, lo que le permitiría afrontar la muerte a la luz de su decisión personal.

5. Es recomendable establecer y registrar dicha expresión de su voluntad en un documento de instrucciones previas, testamento vital u otros, así como de manera verbal, lo que evitaría conflictos (como la obstinación terapéutica) que no contribuyen a mantener una calidad de vida y de muerte.

6. El suicidio asistido, y la eutanasia van más allá de los cuidados paliativos, aun cuando estos estuvieran bien implantados en todo ámbito de la sanidad pública estatal. Los cuidados paliativos no resuelven todos los problemas relacionados con el dolor y el sufrimiento físico, psíquico y existencial.

7. Aunque la constitución y la legislación vigente deben seguir garantizando el derecho a la vida, también deberían garantizar el derecho a una muerte digna. El legislador, ha de reconocer que la regulación actual del código penal en su artículo 143.4, es insuficiente para garantizar este derecho, por lo que habría que encaminarse claramente hacia la despenalización del suicidio asistido y la eutanasia.

8. Los profesionales de la sanidad que acepten las prácticas eutanásicas y/o de ayuda médica al suicidio, han de realizarlas bajo determinados criterios y deben estar legalmente protegidos. Una buena regulación y una buena praxis, evitarían prácticas clandestinas, así como caer por "la pendiente resbaladiza".

9. Estas prácticas no se imponen a la totalidad de los ciudadanos, si no que pertenecen al ámbito de la libertad de elección personal de aquellos que quieran disfrutar de este derecho.

Por lo tanto, y a la luz de todo ello, reclamamos que se reconozca todo lo anterior. Que

los partidos políticos promuevan este debate de una forma seria, responsable y sosegada, creando una comisión en el congreso de los diputados que definitivamente

estudie estos temas. Asimismo, hacemos una llamada a que la sociedad civil se implique

en este debate y a la que le concierne muy directamente. De la misma forma, solicitamos que participen en el mismo, filósofos, profesionales asistenciales, juristas,

teólogos, personalidades de la cultura, científicos, investigadores y medios de comunicación.

Por último, animamos a las diferentes personas, instituciones, medios u otros a adherirse

al presente comunicado.

"Todo tiene su tiempo… tiempo para nacer, tiempo para morir…"

Firmado:

Dr. Luis Montes Mieza, Director del Curso

Dr. Miguel Casares Fernández.Alves, Secretario del Curso

Prólogo de la obra Montaigne de Stefan Zweig, firmado por J. Bayod Brau, en él se recoge lo siguiente:

Pero Zweig, cansado y deprimido, parece haber renunciado a luchar. En su carta de despedida escribe simplemente: “Saludos a todos mis amigos. ¡Ojalá alcancen aún a ver la aurora tras la larga noche! Yo, demasiado impaciente parte antes que ellos”. El autor vienés recordó a menudo, en el último tramo de su vida, unas palabras de inspiración senequiana que Montaigne dedica al suicidio: “La muerte más voluntaria es la más hermosa. La vida depende de la voluntad ajena; la muerte, de la nuestra”. Sin embargo, lo cierto es que Michel de Montaigne, aunque a veces se afirme lo contrario, es, en lo fundamental, un autor esperanzado. En más de una ocasión advierte contra el desprecio de uno mismo: “Y, entre nuestras enfermedades, escribe, la más salvaje es despreciar nuestro ser”.

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