Arno Surminski,
Los
pájaros de Auschwitz; Salamandra, 2013. Desconocía que un oficial de
las SS, ornitólogo, había publicado un tratado sobre la vida de las aves en el
entorno de Auschwitz, y que los dibujos los realizó un prisionero de ese campo.domingo, 26 de mayo de 2013
LECTURAS: LOS PÁJAROS DE AUSCHWITZ. ARNO SURMINSKI
Arno Surminski,
Los
pájaros de Auschwitz; Salamandra, 2013. Desconocía que un oficial de
las SS, ornitólogo, había publicado un tratado sobre la vida de las aves en el
entorno de Auschwitz, y que los dibujos los realizó un prisionero de ese campo.miércoles, 27 de enero de 2010
27 DE ENERO, AUSCHWITZ Y LA MEMORIA
Hoy, 27 de enero se cumplen 65 años de la liberación de Auschwitz. Este día se ha elegido para mantener viva la memoria de uno de los episodios del viejo antisemitismo, que Raul Hilberg resume en tres frases: “no podéis vivir entre nosotros como judíos”, “no podéis vivir entre nosotros” y por último “no podéis vivir”. Esta síntesis culminó con el régimen nazi que materializó esa frase que suena tan macabra, pero que se hizo “visible” desde comienzo del año 1933. Saul Friedländer, en “El Tercer Reich y los judíos (1933-1939). Los años de las persecución”; Galaxia Gutenberg, 2009, hace un recorrido muy detallado de todo el proceso previo a la llamada “Solución final”.
Reyes Mate en “La Herencia del olvido”, Errata naturae, 2008, dice: “El extermino de los judíos europeos por los nazis –que es lo que se quiere dar a entender con la palabra “Auschwitz”, nombre de una población polaca en la que estuvo ubicado uno de los muchos ampos de exterminio- fue algo nuevo, desconocido en la historia de la barbarie de la humanidad, que no es cosa menor. Nunca la maldad del hombre había llegado tan lejos. Fue tan excepcional ese acontecimiento que ni siquiera pudo ser barruntado por esos agoreros que suelen ser los intelectuales. Auschwitz fue algo impensado e impensable, algo que no fue previsto por los analistas más pesimistas de la realidad y algo que escapa a los esquemas de maldad establecidos por el hombre”. [ob. cit, pág. 112].
El proyecto de extermino estaba asociado al olvido, así que la memoria subjetiva, los testimonios de los supervivientes es vital para conocer lo que pasó, lo que vivieron como forma de un testimonio personal que se nos tiene que hacer presente para que sepamos el alcance de la maldad humana. Estamos obligados a evitar que caiga el velo negro del olvido y estar atentos y vigilantes para que no se repita este acto de barbarie.
martes, 27 de enero de 2009
27 DE ENERO
Hace 63 años se liberó el campo de Auschwitz. La Humanidad no podrá olvidar ese y otros hechos que deberían sonrojarnos y haber servido de lección para gritar “nunca más”, algo que no hemos sabido hacer y seguimos cometiendo atrocidades que lamentablemente se convierten casi en cotidianas. Posiblemente alguna vez aprenderemos.
La liberación de Auschwitz o las trampas del lenguaje
Por Jack Fuchs *
Otro año. Otro 27 de enero más, fecha en la que se recordará lo que se ha dado en llamar la “liberación” de Auschwitz. 27 de enero de 1945. Pasaron 63 años ya. El lenguaje nos juega nuevamente una mala pasada.
Una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, la gente me preguntaba cómo había sido “liberado”, cuál de los ejércitos aliados me había “liberado”. Yo fui también, durante años, preso de esa terminología y contestaba una y otra vez que había sido liberado por el ejército norteamericano. La realidad es que fui encontrado, en un cobertizo de una casa en el campo, en plena Bavaria. En 1945 yo estaba en Dachau, donde había sido trasladado desde Auschwitz. En los últimos días del mes de abril, hacia el final de la guerra, los nazis a cargo nuestro no sabían qué hacer con nosotros. Los aliados se acercaban, los soldados alemanes nos alejaban. Luego escaparon, dejándonos abandonados en un tren.
martes, 17 de junio de 2008
PRIMO LEVI VISTO POR JUAN GELMAN

Claro que me puedo tomar la libertad de recomendar la lectura de la obra de Primo Levi, pero con más autoridad lo hace Juan Gelman, por eso incluyo el siguiente artículo.
Incógnitas
Por Juan Gelman
Dos libros de Primo Levi –Si esto es un hombre (1947) y Los hundidos y los salvados (1986) – lo han convertido en referencia obligada de todo estudio sobre la Shoá. En efecto, en ellos relata su experiencia como prisionero en Auschwitz, adonde fuera deportado por los nazis en 1944 cuando él buscaba contacto con los partigiani. Tenía 28 de edad cuando se publicó el primero y quién sabe si hay otro escritor sobreviviente de los campos de la muerte que haya narrado lo inenarrable con tanta lucidez, economía de medios y agudeza sostenidas a lo largo de 40 años. Siempre se ha exaltado su visión del infierno concentracionario por exenta de insultos, lamentos y repeticiones del agravio, y vertida en un estilo analítico, meticuloso, clarificador, como guiado por la técnica brechtiana del distanciamiento. Desconfiaba de quienes practican la profecía y de quienes levantan el dedo en posición de víctima. "No soy nada de eso", dijo alguna vez.
Esta aparente objetividad es atribuida a su formación científica: Primo Levi era químico y en 1961 se desempeñaba en Turín como gerente general de una fábrica de pinturas, esmaltes y resinas sintéticas. Investigaba, sí, pero al ser humano, ese "centauro, laberinto de carne y de mente, de aliento divino y de polvo". Le gustaba sorprender conversaciones más que participar en ellas, "espiar por un agujerito más que observar panoramas vastos y solemnes... hacer girar entre mis dedos una sola pieza del mosaico más que mirar el mosaico entero". Es puro esquema considerarlo un mero sobreviviente del nazismo que testimonió con talento: su obra completa, publicada por Einaudi en 1998, muestra a un grande y diverso escritor.
Es curioso que se trate de la misma empresa que rechazó el manuscrito de Si esto es un hombre. El libro apareció en una editorial pequeña y no tuvo mayor resonancia. Sólo un joven escritor de entonces lo elogió con entusiasmo. Se llamaba Italo Calvino. Cuando Einaudi lo reedita en 1958 se convierte en un éxito de proporciones y Primo Levi gana respeto como hombre de letras, aunque ciertos colegas lo califican de menor. Pero su obra –poemas, relatos históricos y de ciencia ficción, ensayos, cuentos— desborda la etiqueta "crónica" que la acompañó mucho tiempo, es más contradictoria y menos sosegada de lo que se solía suponer. Por lo demás, revela la intensa labor de traducción de Primo Levi –Heine, Kafka, Lévi-Strauss, entre otros– y su empeño en la difusión de autores como Katzenelson, Poliakov y Bruck que padecieron la Shoá.
Primo Levi escribía y reescribía sin pausa, por lo general textos cortos –"agujeritos"– que intercalaba a veces en otros posteriores concretando libros incluso décadas después de su primera concepción. Si esto es un hombre resultó una criatura en la que trabajó de manera constante, revisó la reedición de Einaudi, supervisó su traducción al inglés y especialmente al alemán (1961), la adaptación radial (1964) y la teatral (1966), le agregó notas para la edición de lectura obligatoria en los colegios (1974) y un apéndice motivado por las preguntas más frecuentes de los estudiantes (1976) que fue además materia de muchas páginas de Los hundidos y los salvados. El crítico Alberto Cavaglion juzgó que todo lo escrito por Primo Levi es una glosa de Si esto es un hombre. En semejante apretujón no entraría, por ejemplo, El sistema periódico (1975), 20 capítulos con el nombre de sendos elementos de la tabla de Mendeleiev en que lo autobiográfico se mezcla con lo científico y lo científico construye analogías de índole moral. Sostenida por un flujo de invención que no decae, la escritura de Primo Levi no es la de un aficionado –como lo definían algunos y él se definía–, sino la de un escritor original cuya penetración sintáctica y emotiva parece dimanar de una oscura ansiedad del pensamiento. Primo Levi no fue sólo el cronista del Infierno moderno: también indagó los meandros del yo y del ser. En el prefacio de su libro más "infernal" –Si esto es un hombre– advierte que lo escribió a fin de "proporcionar documentos para un estudio desapasionado del alma humana". Cuarenta años después la despasión se disipa en Los hundidos y los salvados: en vez de distancia y ausencia de odio, hay furia. "Nadie –dice– podrá jamás establecer con precisión cuántos del aparato nazi no podían no saber de las atrocidades espantosas que se estaban cometiendo; cuántos sabían algo, pero fingían ignorancia; cuántos tuvieron la posibilidad de saber todo, pero eligieron el camino más prudente de tener ojos y oídos (y sobre todo la boca) bien cerrados." Y por vez primera pasa del adjetivo "nazi" al gentilicio "alemán": "... la falta de difusión de la verdad sobre los campos de concentración es una de las mayores culpas colectivas del pueblo alemán, es la demostración más manifiesta de la cobardía a la que lo había reducido el terror hitleriano". Nunca se sabrá qué produjo esta implosión en Primo Levi. ¿Una rabia latente que se quita la máscara? ¿El deseo de saber que choca contra la imposibilidad de responderse preguntas terribles sobre la condición humana?
Juan Gelman
RECOMENDACIÓN

Me he tomado la libertad de enviarle un comentario a una entrada que tiene por título: Sin flores ni coronas. Un testimonio de Auschwitz; Odette Elina. Publicado por la editorial Periférica, 2008. Como el tema me apasiona y ha sido objeto de muchas, muchas horas de lectura le he remitido el poema de Primo Levi que incluye en su primer libro-testimonio de igual nombre: Si esto es un hombre.
Si esto es un hombre
Los que vivís seguros
En vuestras casas caldeadas
Los que os encontráis, al volver por la tarde,
La comida caliente y los rostros amigos:
Considerad si es un hombre
Quien trabaja en el fango
Quien no conoce la paz
Quien lucha por la mitad de un panecillo
Quien muere por un sí o por un no.
Considerad si es una mujer
Quien no tiene cabellos ni nombre
Ni fuerzas para recordarlo
Vacía la mirada y frío el regazo
Como una rana invernal.
Pensad que esto ha sucedido:
Os encomiendo estas palabras.
Grabadlas en vuestros corazones
Al estar en casa, al ir por la calle,
Al acostaros, al levantaros;
Repetídselas a vuestros hijos.
O que vuestra casa se derrumbe,
La enfermedad os imposibilite,
Vuestros descendientes os vuelvan el rostro.
(Primo Levi, Si esto es un hombre, 1947)