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domingo, 11 de octubre de 2009

OTRAS LECTURAS: DEL BOXEO

Llevaba tiempo, bastante tiempo buscando una pequeña obra, pequeña por su extensión (140 páginas) de la autora norteamericana Joyce Carol Oates, titulada Del boxeo, ensayo publicado en inglés en 1990 titulado On boxing – with photographs by John Ranard; TusQuets lo publicaría el mismo año en español. Me interesa el boxeo y lo que hay alrededor de él, entre otras cosas cómo lo en o lo han visto escritores que lo han llevado a sus obras. El propio cine es otro ejemplo de la pervivencia del boxeo a pesar de lo denigrado que está como actividad.

Conozco algunas de las cosas que se han escrito sobre el boxeo, lo último que he leído es la obra de Norman Mailer, En la cima del mundo; 451 editores, 2009. Ahora le ha tocado a este ensayo de Oates, que por su dimensión, la agilidad de su texto, lo conciso de sus afirmaciones y lo férreo de su argumentación a un boxeador de la categoría de los ligeros o superligeros, livianos, ágiles, de cintura plástica, reflejos de gato y pegada de martillo pilón. Lo que sueña un aficionado al boxeo ver en un ring.

Que los escritores, los grandes se fijen el boxeo no es nuevo Mailer o Hemingway ver cierta épica en esta actividad y desgranan sus textos en defensa de su práctica y el significado que ha tenido y tienen en diversos contextos y la repercusión social que ha tenido. Lo que llama la atención es que sea una mujer la que escribe, porque no es habitual, sólo por eso y no busquen otras connotaciones. Ella llega al boxeo de la mano de su padre que desde pequeña la llevaba a las veladas donde se enfrentaban los grandes del boxeo. Ese conocimiento es lo que en principio, supongo, le lleva a escribir Del boxeo. Tienen que permitirme confesar que comparto con Joyce ese mismo inicio, de pequeño mi abuelo me llevaba a un bar de cazadores y mi padre a los entrenamientos del gimnasio de Ingenieros en La Cuesta y a las veladas en el Frontón en Santa Cruz y en la plaza de toros. Si algo aprendí, entre otras cosas a disfrutar del boxeo se lo debo a mi padre, en primer lugar, y luego a Ramón Almenara, ex – boxeador, amigo de la familia con el que disfruté y aprendí a ver un combate, asimismo a moverme, siendo un muchacho en ese mundo.

Hoy sigo con cierta regularidad algunas veladas que se celebran en Santa Cruz. No es lo que era, ha perdido aquella magia, pero los tiempos cambian, pero cuando voy al Pancho Camurria me “chirrían” algunas cosas, por ejemplo, el culto a la estética corporal y creo que algunos se ponen de corta para lucir su anatomía y los tatuajes y poco más. Quienes están en las esquinas tampoco tienen claro eso del boxeo.

Como pequeño homenaje a quienes me enseñaron a ver el boxeo les dejo unos párrafos de Oates donde lo que prima del espectáculo no es la violencia.

“El público del boxeo en un vasto escenario como el Madison Square Garden me hace pensar en una ola gigantesca que contiene olas contrarias y contracorrientes, voces aisladas pero fuertes que ofrecen resistencia al movimiento, más fuerte, hacia la violencia exaltada. Estos disidentes se muestran severamente críticos frente a los árbitros que permiten que el combate se prolongue demasiado”. [O.b. cit. pág. 102]

domingo, 31 de mayo de 2009

OTRAS LECTURAS: NORMAN MAILER

La editorial 451.http.doc ha recuperado un texto de Norman Mailer: “En la cima del mundo”, publicado en 1971. La verdad es que cuando lo tuve en mis manos, me lo regalaron, pensé que era una crónica más de Cassius Clay –Muhammad Ali-como boxeador, o una biografía sin más. Estaba muy equivocado y desde el comienzo, el prólogo de Andrés Barba, muy bueno, me puso sobre la pista de que tenía en mis manos algo más que una simple crónica del mejor boxeador de todos los tiempos.

Cassius Clay y después Muhammad Ali, fue algo más que un boxeador. Es cierto que no ha habido, ni creo vaya a aparecer un peso pesado mejor y más atípico que Ali. Sus características físicas, su agilidad en el cuadrilátero y lo poco ortodoxo de su forma de boxear le alejan del típico peso pesado representado por una mole de músculos, cara cuadrada, nariz rota y unos brazos que son como martillos y programado para dar un golpe más, el golpe definitivo, que ponga al rival en la lona. Ali en el ring era otra cosa, y creo que no es exagerada la comparación si digo que los movimientos de otros boxeadores de su peso como Liston, Bonavena o Frazier comparados con los de Ali, es como intentar comparar una bailarina del bolshoi con un paquidermo caminado por la sabana.

Pero aparte de su singularidad como púgil no era menor su papel como figura relevante de una sociedad donde la población negra iba alcanzando logros significativos y consolidando los Derechos Civiles que le habían negado aún cuando la esclavitud estaba abolida. Se convierte en modelo social, su proyección como boxeador único, su amistad con Malcom X y también por otras circunstancias como negarse a tomar parte en la guerra del Vietnam, 1967. Digamos que ayudó a modelar una forma de pensar, sin grandes matices pero efectiva. Su rechazo a acudir a Vietnam lo resumió en una entrevista con la siguiente respuesta: “A mí, esos del vietcong no me han hecho nada”. Simple, pero mensaje claro. Su negativa a vestir el uniforme fue un hito en aquel momento, donde la escalada de la guerra en el sudeste asiático ya tenía cierta contestación interior, sobre todo por parte de grupos pacifistas y la población negra y latina que era mayoritaria dentro de la tropa destinada a Vietnam.

Su oposición a la guerra se castigó con la cárcel, su licencia federativa y también se le desposeyó del título mundial de los grandes pesos. La Administración americana no podía permitir este pulso. Tenía que doblegar su resistencia, así que cuando quedó apartado del boxeo, perdió su eco en la sociedad porque cada pelea comenzaba en el momento en que se concertaba y ahí empezaba a minar la seguridad de su contrincante. Sus bravuconadas eran como dardos en la confianza de sus rivales. Después de casi cuatro años de inactividad volvería al boxeo, 1971, para enfrentarse a Joe Frazier en el llamado “combate del siglo”.

El texto de Mailer es una buena reflexión, más allá de la crónica de un combate o de la simple biografía de este personaje. Es la síntesis de su vida en cuanto que tuvo una trascendencia que fue más allá del deporte y marcó una época de contestación entre la población negra. Les dejo con algunos párrafos del texto.

El boxeo es un diálogo entre cuerpos. Hombres ignorantes, a menudo negros, a menudo casi analfabetos, se comunican entre sí en un juego de intercambios conversacionales que se adentran en el corazón mismo de la materia del otro. La única diferencia es que conversan con su físico. Y a menos que no estemos dispuestos a creer que un comentario incisivo puede provocar una herida mortal, necesariamente habrá que aceptar la novedosa idea de que dos hombres que boxean amistosamente mantienen una conversación. Una conversación que a menudo resulta fructífera para ambos contendientes…. Pág. 57

Norman Mailer, En la cima del mundo; 451.http.doc [2009]

martes, 8 de julio de 2008

MANDO RAMOS


A quienes nos gusta el boxeo disfrutamos, en blanco y negro, los combates de Mando Ramos y Pedro Carrasco, combates con título mundial en juego donde las decisiones arbitrales no se ajustaron a lo que aconteció en el ring. No sé si se podrán recuperar estos combates, pero para los aficionados al boxeo sería un regalo, y para los jóvenes que empiezan sería una lección de estilo y profesionalidad interesante.
A Mando Ramos, como a otros muchos, le pudo la droga y el alcohol y esto minó su carrera profesional sin que llegara a desarrollar su potencial como púgil estilista, pegador y figura en el ring. Ya no me quedan nada más que vagas imágenes porque han pasado más de treinta años, pero ese regusto por un buen combate se mantiene en el tiempo. Que los jóvenes boxeadores intenten aprender de los dos, Pedro Carrasco y Armando (Mando) Ramos, que descanse donde descansan los buenos boxeadores.

Transcribo el obituario aparecido en El País.
Mando Ramos, el campeón más joven de los pesos ligeros
El boxeador fundó una organización para ayudar a los jóvenes a luchar contra la droga, que le destrozó la carrera
SANDRO POZZI 08/07/2008
La droga y el alcohol irrumpieron en la meteórica y prometedora carrera de Armando Ramos, y eso le impidió seguramente ser el mejor de todos los tiempos. El boxeador, que ganó su primer título en la categoría de pesos ligeros cuando tenía apenas 20 años, murió por causas naturales el domingo en su casa en San Pedro, a las afueras de Los Ángeles (California). Tenía 59 años.
La muerte le llegó dos semanas después de que su nombre fuera incluido en el Boxing Hall of Fame en California. Ramos se hizo con el título de los pesos ligeros en dos ocasiones. En 1965 debutó en la arena profesional cuando acababa de cumplir los 17 años de edad, utilizando un certificado de nacimiento falso. Se retiró una década después, con un incontestable registro de 37 victorias, 11 derrotas y un empate, con 23 KO.
Solía decir que sus rivales nunca pudieron con él en el ring, y fardaba de no entrenar antes de los combates. Pero sí le ganaron el pulso las drogas y el alcohol. El primer título le llegó a Mando Ramos en 1969, tras imponerse al dominicano Carlos Teo Cruz por KO. Se convertía así en el boxeador más joven de la historia en coronarse en esa división. Ismal Laguna se lo quitaría en 1970.
En noviembre de 1971, el estadounidense se enfrentó a Pedro Carrasco en el Palacio de los Deportes de Madrid. El español le ganó milagrosamente, y ante la sorpresa de los asistentes, por descalificación. Contaba Alfredo Relaño en 1976 en EL PAÍS que "Mando Ramos en realidad había vencido al español por todos los veredictos. Manolo Ramos, muy superior, tiró varias veces a Carrasco, y el árbitro, un extraño negro de nombre Odubote, alargó todo lo posible las cuentas y llegó en una ocasión a levantar al español del suelo. En el asalto 12, con Carrasco milagrosamente en pie aún, gracias a su preparación y voluntad inmensas, Odubote le proclamó vencedor por descalificación de Mando Ramos, ante la sorpresa de todos. Dos semanas después del combate, el Consejo [Mundial de Boxeo] decidiría no homologar el título y forzar a Carrasco a una nueva pelea, en condición de aspirante, en Los Ángeles. Allí las cosas fueron de otra manera, y Mando Ramos ganó, aunque a los puntos y con apretado y discutido veredicto. Poco después, Mando Ramos volvía al Palacio de los Deportes para defender otra vez su título ante Carrasco y ganarle con más claridad".
El cinturón le duraría poco en su poder. Ese mismo año, Chango Carmona pondría fin a su reinado. En 1975 dejaría el guante, tras enfrentarse a rivales como Frankie Crawford, Ultiminio Ramos, Raúl Rojas y Rubén Navarro, junto a los antes citados. Pero no sería hasta comienzos de los años ochenta cuando decidió entrar en una clínica de desintoxicación.
Aprendió la lección. Los últimos años de vida los dedicó a ayudar a los jóvenes a evitar caer en la trampa de la droga y el abuso del alcohol, que destruyeron su carrera. Y con ese objetivo, y junto a su mujer Silvya, fundó Boxing Against Alcohol and Drugs. Ramos llevaba 25 años sobrio y limpio del consumo de estupefacientes. "Era un luchador", como dice Carlos Palomino.
Armando Ramos nació el 15 de noviembre de 1958 en Long Beach. Su padre fue boxeador, su primer maestro, aunque en el mundo de este deporte se dice que su gran mentor fue Kackie McCoy. Ramos estaba enfermo de diabetes y sufría una lesión crónica en la espalda. El pasado domingo sufrió un paro respiratorio del que no pudo ser reanimado.

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