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domingo, 27 de julio de 2008

PRIMERO LUCIANO, AHORA ALMIRÓN


Y siguen cayendo. La justicia no para con la presión ciudadana para evitar que se duerma, poco a poco van cayendo aquellos que tuvieron en sus manos la vida de otras personas. Es la justicia y no la venganza la que lleva a estos seres al lugar donde le corresponde: la cárcel, allí donde el tiempo les debe dar para reflexionar y ver el daño que ha hecho. Seguirán cayendo.
Otro represor que duerme a la sombra
La Cámara Federal señaló que el hecho de tener más de setenta años no es suficiente para beneficiarse con el arresto domiciliario. Esperan nuevos exámenes médicos sobre la salud del ex lugarteniente de López Rega.
Le revocaron el arresto domiciliario al ex jefe de la Triple A y lo llevaron a la cárcel de Marcos Paz
Sábado, 26 de Julio de 2008
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El ex jefe de la Triple A Rodolfo Eduardo Almirón será alojado en el penal de Marcos Paz. Así lo dispuso el juez federal Marcelo Martínez Di Giorgi después de que la Cámara Federal porteña señalara en un fallo que no corresponde mandar a los presos a su casa por el simple argumento de ser mayor de setenta años.
Almirón está procesado como partícipe de una asociación ilícita y por asesinatos cometidos entre 1973 y 1975 por la Alianza Anticomunista Argentina, la organización de ultraderecha que lideraba el ministro de Bienestar Social de Isabel Martínez de Perón, José López Rega. Fue extraditado desde España, donde vivió durante 31 años sin ser molestado. Apenas pisó suelo argentino denunció problemas de salud y logró que lo beneficiaran con la prisión domiciliaria. De hecho, ni siquiera fue indagado debido a que una junta médica todavía está evaluando su estado físico. Los primeros estudios comprobarían algunos de los achaques, pero el fallo de la Cámara, en el voto del juez Eduardo Freiler, señaló que la salud del preso debe ser crítica para que amerite que se vaya a su casa.
“Hasta tanto se completen los informes médicos y psicológicos recomendados por el Cuerpo Médico Forense doy mi voto por revocar la resolución impugnada, haciendo saber que deberán realizarse todas las medidas necesarias para garantizar la integridad física y de salud del imputado”, señaló en su voto el juez Horacio Cattani. El tercer juez que firmó el fallo, Eduardo Farah, consideró que dada la edad y estado de salud de Almirón, éste debía continuar bajo arresto domiciliario. Por el momento, el represor dormirá en Marcos Paz, según lo ordenó Martínez Di Giorgi, que reemplaza interinamente a Norberto Oyarbide.
En la investigación que llevó adelante Oyarbide está acreditado que la Triple A ideó y y ejecutó los homicidios del ex diputado Rodolfo Ortega Peña y de Alfredo Curutchet, Julio Troxler, Silvio Frondizi, Luis Mendiburu, Carlos Laham, Pedro Barraza y Pablo Laguzzi, entre otros. El magistrado consideró que se trató de crímenes contra la humanidad y por lo tanto imprescriptibles. La Cámara confirmó el criterio.


sábado, 26 de julio de 2008

LUCIANO


Miro una y otra vez la foto, las fotos que he tenido oportunidad de encontrar en internet. En la mayoría representas a un señor, mayor, viejo no tiene esta palabra un sentido despectivo, ni mucho menos, una seriedad que asusta y una pulcritud exquisita. En esas fotos he intentado encontrar un rasgo de humanidad en tu cara (permíteme que te tutee, no creo que te merezcas más, pero eso es otra cosa). Decía que intentaba buscar algo de humanidad en tu rostro, pero por más que miro las fotos no lo encuentro. Es verdad que sé parte de tu historia, por lo menos la más oscura de tu vida, pero aún así si alguna nos hubiésemos cruzado en la calle tu rostro me llamaría la atención por lo inexpresivo, lo inhumano de tus rasgos. Tu boca de labios finos que amenazan sin hablar, que creo que son incapaces de besar, sólo se moverán para mandar, para dictar sufrimiento, para castigar; tus ojos tienen una mirada fría y cortante, están acostumbrados, tus ojos, a ver el dolor ajeno a ver caras de espanto y a mantenerse ciegos ante tanto sufrimiento.

Muestras en el vestir la rectitud que quieres imponer en la vida. El cuello de la camisa de blanco impoluto, la corbata con el nudo la colocación perfecta; tu traje oscuro, seguro que sin una arruga y sin mota de polvo, pero me parece más a una mortaja que a un traje de una persona mayor. Espero que lo de mortaja no se entienda que deseo tu muerte, tal como tú has materializado la de los demás, al contrario deseo que vivas muchos, muchísimos años con la esperanza de que en algún momento tu conciencia sufra un cortocircuito y te haga ver el daño que has hecho, entonces sabrás lo que es el dolor, después te puedes morir.

Veredictos

Por J. M. Pasquini Durán

Sábado, 26 de Julio de 2008

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Hasta los años ’90, cuando Eduardo Angeloz gobernaba Córdoba, Luciano Benjamín Menéndez era invitado al palco principal en los actos oficiales. En las tardes soleadas, paseaba por la calle peatonal de la capital provincial, entre miradas reverenciales, temerosas o repletas de odio de los ciudadanos que lo cruzaban en esas caminatas. Expertos en tirar la piedra y ocultar la mano, los burócratas provinciales aseguraban que las invitaciones corrían por cuenta de las autoridades del III Cuerpo de Ejército, donde le seguían rindiendo honores por su comandancia durante los años crueles de la última dictadura del siglo XX, en los que también tuvo bajo su control el campo de exterminio “La Perla”, por donde pasaron 2300 prisioneros, la mayoría “desaparecidos”, de los que sobrevivieron sólo 17. Por los tormentos y muertes de cuatro de ellos fue juzgado y condenado a prisión perpetua en una cárcel común, junto con otros siete compinches militares en los crímenes de lesa humanidad. El Tribunal Oral 1 de Córdoba, integrado por los jueces Jaime Díaz Gavier, José Vicente Muscará y Carlos Otero Alvarez –nombres para recordar–, pronunció ayer la sentencia, para alborozo de víctimas, familiares y miles de provincianos que vieron con impotencia por más de tres décadas la impunidad del terrorista de Estado. Entre el público que ingresó a la sala para escuchar la sentencia estaba el gobernador Schiaretti, que no pudo contener algunas lágrimas, quizá en recuerdo de tantos caídos y de otros como él, que debió refugiarse en Brasil para evitar la cárcel o la muerte. El Cachorro Menéndez, (a) El Chacal, fue siempre un bravucón iracundo y con ese tono pronunció su último alegato en el juicio, en el que repitió argumentos que la derecha católica conservadora repica a menudo, algunos en público y todos en privado. Dos de sus afirmaciones fueron: “Este es el único país que juzga a sus soldados victoriosos” y “Los guerrilleros de los ’70 están ahora en el gobierno y quieren imponer un régimen autoritario”. En contraste con esas ideas, en la portada del boletín de la Agencia de Noticias Clandestina (Ancla), durante los mismos años de plomo, Rodolfo Walsh imprimió una frase que en sus últimas líneas decía así: “Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información”. Estos dos extremos del discurso político son como signos de paréntesis que encierran la historia de varias décadas argentinas y que todavía hoy siguen litigando, aunque las palabras sean otras pero no muy distintas, en lo más profundo de la lucha ideológica entre las diferentes visiones de país.

Sería interesante que los problemas que está pasando el gobierno nacional desde hace poco más de cuatro meses pudieran ser analizados desde esas dos perspectivas profundas, penetrando la superficie de las anécdotas, atravesando las banalidades mezquinas de las llamadas internas partidarias y superando las frivolidades que suelen rebajar la consistencia de la oposición, por derecha o por izquierda. Un poco de ideología no vendría mal para despejar algunas confusiones, como las que provoca Eduardo Buzzi, presidente de la Federación Agraria, cuando afirma que Luciano Miguens, su par de la Sociedad Rural, es “un buen hombre”, como si esta consideración individual pudiera justificar una alianza despojada de toda consideración histórico-política. O la ofensa de la Mesa de Enlace porque el flamante secretario de Agricultura, Carlos Cheppi, quiere recibir a las cuatro entidades por separado en lugar de reconocerles el carácter informal de bloque institucional, surgido de una decisión compartida de política pragmática de juntar fuerzas contra el Gobierno. También se enojan porque no los invitan a las ceremonias oficiales, con la idea constante en ellos de que las corporaciones son equiparables, y aun superiores, a los estamentos del Estado y de la institucionalidad democrática. Es cierto que el Gobierno no puede ignorar a los que no comulgan con sus ideas porque tiene la obligación de atender a todos los argentinos, y por lo pronto invitó a las socias de “la mesa” al Consejo del Salario Mínimo, para que comprometan su esfuerzo y su capacidad de negociación en mejorar la calidad y cantidad de los trabajadores del sector.

En la nómina de confusiones hay que subrayar el entrevero que produce Alberto Fernández, después de renunciado a la Jefatura de Gabinete, cuando de la mañana a la noche habla con periodistas para proclamar su afecto y admiración por el matrimonio Kirchner (“el mejor presidente”, “una sorprendente inteligencia”, “fueron mis jefes pero también mis amigos” son sus dichos) para puntualizar de inmediato que se fue del cargo por “diferencias de opinión” que no puede revelar, pero a continuación enumera sus personales características: “diálogo, tolerancia, flexibilidad, oídos abiertos para todos, comprensión de los roles mediáticos, rechazo de la lógica amigo-enemigo, aceptación de la realidad”, entre otras. ¿Eso quiere decir que el matrimonio no participa de las mismas prácticas, dando lugar a tales diferencias que sólo pudieron zanjarse con la renuncia? Después de escucharlo en un par de entrevistas concedidas el jueves último, el mismo día que asumió el sucesor, Sergio Massa, la audiencia desprevenida puede ser inducida a suponer que el conflicto con “la Mesa de Enlace”, que lo tuvo a él como interlocutor válido y como patrocinante de Martín Lousteau, autor de la controvertida Resolución 125, fue un grosero error de lectura de la realidad del “mejor presidente” y de “la inteligencia deslumbrante” de la presidenta Cristina. Sin ningún apunte de autocrítica en profundidad, el balance resulta demasiado menudo para un hombre que a lo largo de cinco años seguidos ocupó un espacio de decisión equiparable a los más altos niveles institucionales.

A lo mejor, el número dos de los Fernández en el gobierno no quería que su renuncia fuera aceptada, o tal vez esperaba que se llevaría puestos a quienes ubicó en veredas distintas a la propia, como el ministro Julio De Vido, el secretario general Oscar Parrilli y otros funcionarios de nivel equivalente, de manera que su salida fuera vista como una remoción general del gabinete, la llegada indispensable de energías nuevas, en vez de percibirse como un coletazo de la batalla perdida con la Sociedad Rural y sus aliadas. El tiempo, sobre todo los hechos del futuro inmediato, se encargarán de acomodar las opiniones y los egos en el debido lugar, aunque, en rigor, la salida del jefe de Gabinete es una buena oportunidad para ajustar el funcionamiento de los administradores del Estado y, en algunos casos, reemplazar el material fatigado o, para decirlo mejor, a los funcionarios que han agotado su tiempo útil en el servicio gubernamental. De acuerdo con reciente encuesta de Julio Aurelio, uno de los de mayor peso en el oficio, más del 70 por ciento de los encuestados estuvo de acuerdo con el retiro de Fernández y un porcentaje igual pide que la Presidenta aumente los relevos.

En términos generales, pese a la derrota legislativa del proyecto gubernamental sobre retenciones móviles, con la distensión por el cese del conflicto llegaron expectativas esperanzadas en la sociedad. En principio, la imagen presidencial no sólo dejó de caer en la opinión pública sino que, según la misma fuente, se recuperó hasta superar el 40 por ciento de opiniones positivas. También Julio Cobos tiene, en el ámbito bonaerense donde era desconocido, una buena puntuación, sobre todo en ambientes radicales, por lo que no sólo la Presidenta tiene pendiente un gesto hacia su compañero de fórmula. Lo más probable es que, por el momento, tenga en cuenta lo que le dicen las encuestas y el rumor de la calle, que no valorizaron el voto del vicepresidente como una traición, aunque fue irresponsable con la investidura, sino como una vía de escape para una presión que ya resultaba intolerable para la mayoría. No son fáciles las opciones que tiene por delante la presidenta Cristina ni tampoco las que deberá atender el ex presidente en sus funciones partidarias para restaurar la cadena de mandos en el PJ y relanzar la idea de la concertación plural.

El flamante jefe de Gabinete, Massa, quizá pueda aportar poco en estos temas, pero en cambio puede dar un envión decisivo a la administración del Estado –ocupación poco frecuentada por Fernández debido a sus tareas de operador político–, como por ejemplo poner orden en las cuentas de Aerolíneas Argentinas, que su antecesor había confiado en el directorio privatizado antes que asumirla como una tarea estatal. La juventud y el ímpetu del sucesor también podrán contribuir con miradas nuevas a viejos y nuevos dilemas del Gobierno. La sociedad espera con la mejor disposición para confiar y para apoyar. La pelota está en el campo gubernamental y le toca mover.


martes, 7 de agosto de 2007

SIGUE EL JUICIO EN BUENOS AIRES, 7 DE AGOSTO

Aunque lleve algunos días sin escribir no he dejado de leer la prensa en internet y el juicio sigue y se siguen sumando los testimonios que ponen a Wernich en su sitio, dejan al descubierto, cada nuevo testigo el papel de este cura con la represión y la dictadura en Argentina.

“La peor tortura la sufrí de parte de este señor, la tortura moral”

Fernando Schell, ex militante de base de la Juventud Peronista, contó en el juicio al cura Christian von Wernich los vejámenes a los que lo sometieron y cómo el sacerdote trataba de sacarle información.

Página 12

Fernando Schell estremeció con su testimonio en el juicio al ex capellán de la Bonaerense.

“Usted no es un sacerdote, es un cura con jinetas”, dijo hace mucho tiempo Fernando Schell, un ex detenido de la Brigada de Investigaciones de Quilmes que ayer declaró como principal testigo del día en la audiencia del juicio oral al ex capellán Christian von Wernich. Tras la semana de receso por la feria judicial, el Tribunal Federal Nº 1 de La Plata reabrió el ciclo de audiencias con su testimonio, que permitió encuadrar al ex capellán como un “engranaje” más del aparato represivo del terrorismo de Estado.

“Me aplicaban picana en piernas y tetillas, pero lo principal eran los golpes; pero pese a las torturas, los golpes y las picanas, la peor tortura la sufrí de parte de este señor (en alusión a Von Wernich), la tortura moral.”

Schell era militante de base de la Juventud Peronista, aunque en el centro clandestino le preguntaron una y otra vez por Montoneros, por su responsable y su grado en la organización. Quedó detenido en noviembre de 1977, mientras volvía a su casa. Lo trasladaron a la Brigada de Investigaciones, conocida como Pozo de Quilmes, parte del circuito Camps de la provincia de Buenos Aires y uno de los centros transitados por el cura Von Wernich en su doble rol de capellán de policía y hombre del sistema represivo. Sobre este cura pesan siete homicidios, 31 casos de torturas y 42 casos de privaciones ilegítimas de la libertad. Entre ellos, el caso Schell.

Según recordó, estuvo “102 días y 11 horas” secuestrado entre “simulacros de fusilamiento” y “torturas”, y donde la presencia del sacerdote se hizo muy vívida. “Lo recuerdo –dijo ayer– y aún me duele que un sacerdote haga estas cosas.”

“Diez días antes de mi liberación, en febrero de 1978 –explicó–, nos piden que no tengamos nada ‘despelotado’ en el calabozo porque venía ‘El Cuervo’ y me dicen: ‘Vení, alemán, que hoy te toca a vos’, y me llevan a otro lugar, me sientan en una mesa y aparece este señor (por Von Wernich) con un asistente que le cebaba mate. ‘El Cuervo’ le preguntó frente a una mesa: ‘¿Por qué estás acá?’. Y yo le dije: ‘Por pelotudo’.”

“No me cabe ninguna duda”, le respondió el cura, que a partir de entonces se sentó, mesa mediante, para mantener un diálogo extenso, en un contexto que subraya la situación del interrogatorio.

“‘¿Qué cagada hiciste, andabas poniendo bombas?’, me preguntó. ‘Yo hacía política de base, soy militante de barrio’, le dije yo. Y él me respondió: ‘Vos hacías las cosas mal’.” En esa ocasión, el cura le preguntó por sus orígenes: “Y yo le dije que venía de una familia profundamente católica, un tío de papá era obispo”. “Obispo de qué iglesia”, preguntó el ex capellán. Y preguntó de qué iglesia venía él, quién era el cura. “Quiso sonsacarme cosas, quiénes son tus amigos, preguntaba. En un momento dado me dice: ‘¿Vos estás de novio?’.‘Sí, le dije’. Y entonces me dice: ‘Cagaste, ahora te van a cerrar la puerta en la cara’.” Le dijo también que sucedería lo mismo con la familia de esa chica, con sus vecinos, que “si lograba salir, me iban a rechazar”.

Su testimonio resulta valioso para el proceso. Guadalupe Godoy, de Justicia, ya lo explicó en estos términos: “Son testimonios que refuerzan la idea de que Von Wernich no estaba allí para dar apoyo espiritual, sino como parte del aparato, y formó parte de los interrogatorios no como un cura malo, sino como un engranaje más”.

Detrás de Schell declaró Juan Carlos Guarino, un ingeniero electrónico al que lo interrogaban sobre interferencias en las transmisiones de televisión, preocupados por el Mundial de 1978; Norma Esther Leanza y Alcides Antonio Chiesa, un director de cine que hace tres años volvió al país. Los tres fueron convocados ante el Tribunal Federal Número Nº 1 de La Plata como “testigos contextuales” para acreditar la detención de Schell.