domingo, 27 de julio de 2008

LUCY


En noviembre de 1974 el paleoantropólogo Donald Johanson descubrió en la región de Hadar al noreste de Etiopía los restos de un homínido que al final resultó ser una hembra que al que se puso el nombre de Lucy porque mientras se ordenaban metódicamente todos los restos hallados sonaba la canción de los Beatles Lucy in the sky with Diamonds. Lucy, nuestra “abuela” ya caminaba erguida porque la selva los había abandonado o ellos la habían abandonado, tal y como plantea Eduardo Galeano. Nuestra abuela porque a partir de ahí, de África comienzan a moverse nuestros antepasados más remotos en distintas direcciones, seguramente, y sin tener que cruzar fronteras, mostrar pasaportes y ser rechazados. Los únicos inconvenientes, y no menores, son los que impone a estos individuos frágiles el alimentarse y defenderse de un medio que le es hostil.
Millones de años después Lucy ya no tendría que preocuparse sólo de alimentarse, defenderse de los posibles depredadores, sino que además tendría que cruzar líneas imaginarias, tener papeles y a hurtadillas buscar la forma de moverse en busca del sustento que les niega la tierra en la que nacieron.
Eduardo Galeano lo explica mucho mejor
CAMINOS DE ALTA FIESTA
¿Adán y Eva eran negros?
En África empezó el viaje humano en el mundo. Desde allí emprendieron nuestros abuelos la conquista del planeta. Los diversos caminos fundaron los destinos, y el sol se ocupó de repartir los colores.
Ahora las mujeres y los hombres, arcoíris de la tierra, tenemos más colores que el arcoíris del cielo; pero somos todos africanos emigrados. Hasta los blancos blanquísimos vienen de África.
Quizá nos negamos a recordar nuestro origen común porque el racismo produce amnesia, o porque nos resulta imposible creer que en aquellos tiempos remotos el mundo entero era nuestro reino, inmenso mapa sin fronteras, y nuestras piernas eran el único pasaporte exigido.
[Espejos. Ed. Siglo XXI; junio, 2008. págs.: 1-2]