lunes, 29 de diciembre de 2008

TIEMPO DE NAVIDAD


El año está tocando a su fin y para muchos es momento de recuento, de balance de lo que ha sucedido, de “yo ya lo había dicho” y esas cosas. Es momento de recuento porque se acaba el año y todo parece que está parado, la política se mece en la hamaca del descanso; de economía hablamos poco y menos cuando le hemos dado algún que otro arañazo a la VISA; el precio del petróleo no apura y parece que el precio de las hipotecas puede descender en los próximos meses, aunque los israelíes han aprovechado el último sabath para darle algo de emoción a la política internacional, ¿podrán convivir alguna vez sin sacarse los ojos? Así que leamos los recuentos y balances que tanto abundan si tienen valor, ganas y añoran el pasado de cifras.

Reconozco que no sé hacer ese balance de final de año. Si me sale alguno es el que me concierne como individuo y poco más, y como no sé hacerlo les remito a lo que escribió Manuel Vicent el pasado domingo en El País. Insuperable, que les guste como a mí.

MANUEL VICENT

Concierto

MANUEL VICENT 28/12/2008

Recordar sin desgarro ni melancolía, suave y armoniosamente, las cosas agradables que te hayan sucedido este año, como quien sale al huerto de atrás a recoger los frutos que ha dado cada estación, puede ser un ejercicio necesario de supervivencia cuando todo parece que se desmorona a tu alrededor. No pasa nada por ponerse tierno alguna vez. Al fin y al cabo a Bogart se le perdonó que se emocionara al oír de nuevo el piano de Sam. Pese a todo, no se te habrán negado ciertos momentos de felicidad en medio de la ruina general. El placer de la lectura de un libro apasionante durante una convalecencia te recordó aquellos días de la niñez en que el sopor de la fiebre se llenaba de piratas y aventureros. Seguramente habrá habido también este año algunas mañanas de primavera en que te has sentido feliz sin saber por qué, tal vez porque te bastaba con que el sol estuviera en la ventana para salir a pasear y que te obedeciera tu perro. Tampoco habrás olvidado el viaje que hiciste durante el verano. Abriste el mapa, señalaste un punto azul y de la yema del dedo surgió una ciudad, una isla, una playa unida al nombre de una amiga, de un compañero, de un viejo o nuevo amor con el que te pusiste en camino. Dulces fueron aquellas tardes en que la discusión acalorada se estableció en torno a una copa sobre el tema que no importaba nada, salvo el gusto por llevar la contraria para demostrar que te sentías vivo y en plena forma con toda la inteligencia bombeando sangre en las sienes y después sucedía el silencio con un poco de música en la que siempre estabas de acuerdo. Probablemente habrán sucedido algunos desastres en tu vida. El puesto de trabajo sigue estando en el aire, te han rechazado algunos proyectos en los que te habías embarcado, la desconfianza que genera la crisis ha terminado por calarte los huesos y parece que en el horizonte se ha instalado un muro que no vas a poder saltar. Pero la vida es como un concierto de Mozart en que las malas noticias hay que recibirlas en el interludio. Cualquier golpe duro en ese momento puede ser diluido en la memoria con el movimiento más excelso de la partitura que has oído y después quedará la segunda parte para que un solo de clarinete te haga olvidar por un instante cualquier desgracia.

http://www.elpais.com/est.pl?id=20081228elpepiult_1.Tes&fp=20081229&te=impresion&to=noticia&a=elpepiult&k=676209005.gif

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