lunes, 30 de marzo de 2009

EL FIN DE LA JORNADA

Llevo unos días de tensión y de horas de espera en una sala de hospital. Es la segunda vez que me explican que los “cinco minutos” es una expresión muy, pero que muy flexible, aún así me he entrenado para no desesperar y que las cosas tienen que pasar y la angustia no conduce a una aceleración del proceso, ni mucho menos, así que ya llegará la calma y podré descansar. Tengo que reconocer que el antídoto para las esperas ya es muy conocido: la lectura, sí la lectura es una buena fórmula para salir del mundo, que es una sala de espera, una habitación de hospital o días sin horarios, así que me puse en situación y en eso me ayudó Henning Mankell y su última novela “El Chino”, Círculo de Lectores, 2008. Mankell es un viejo conocido desde “Los perros de Riga”, aunque esta última novela es mucho más “internacional”. Ya les contaré, por ahora quedan algunas páginas, pero piensen en un asesinato en masa en un caserío en Suecia, una jueza, que llega al caso por una casualidad, la historia de unos hermanos que “emigran” , secuestrados en Cantón y llevado a Estados Unidos a trabajar en el ferrocarril durante la conquista del oeste a mediados del siglo XIX, y la China actual. Sí, parece extraño y difícil de unir, pero eso sólo lo puede hacer Mankell de forma magistral, muy recomendable. Ya les contaré algo más de la novela.

Charles Baudelaire me sirve para indicar lo que se siente después de una jornada, que a lo mejor no tiene 24 horas, sino más.


EL FIN DE LA JORNADA

Bajo una pálida luz

Corre, danza y se retuerce

La Vida, impura y gritona.

Tan pronto como a los cielos

La gozosa noche asciende

Y todo, hasta el hambre calma,

Ocultando la vergüenza,

Se dice el Poeta: “¡Al fin!”

Mis vértebras, como mi alma,

Codician dulce reposo;

De fúnebres sueños lleno

La espalda reclinaré

Y rodaré entre tus velos

“¡Oh refrescante tiniebla!”

Charles Baudelaire [1821-1867]