domingo, 7 de marzo de 2010

¿SE PUEDE PROHIBIR?

La iniciativa legislativa popular llevada por miles de firma al Parlamento de Cataluña para promover la prohibición de festejos taurinos está trayendo una polémica interesante. Entre partidarios y detractores se está desplegando el conjunto de argumentos de unos y otros, todos exponen con vehemencia argumentos, algunos muy peregrinos y pasionales, otros argumentados para desmontar las tradiciones como inamovibles, o lo de hablar de arte con la simpleza que se hace en este debate. Tirios y troyanos están ensalzados en una polémica interesante. Es verdad que como el barranco Santos pasa por Santa Cruz, el debate nacionalista está en marcha.

A estas dos posiciones se añade un grupo que no es nuevo en los debates, cualquiera que sea el tema que se discute. En esta taxonomía no tiene nombre el grupo, pero son los que nadan en aguas intermedias, aquello de “ni chicha, ni limoná”. Cada vez que empiezan marcan territorio con aquello de: “Yo no he ido nunca a una corrida de toros, ni iré, pero yo no las prohibiría”. Ya está, quedan bien con unos y otros, y los demás allá si hace falta. Otra forma de definirse es: “Yo no estoy de acuerdo con tus ideas, pero las respeto”, aunque el tema a debate sea desollar vivos a los gatos, por ejemplo.

En ambos casos lo que subyace es una postura cobarde, pacata y el deseo de agradar a todos, cosa imposible, no porque sea una ley física, pero conseguir la unanimidad es algo sospechoso, así que tenemos que estar atentos a quienes empiezan su discurso de forma “contemporizadora”, poniendo distancia entre ambas posturas, aunque la verdad sus palabras suenan la mayoría de las veces como los euro de madera.

Ah, se me olvidaba, deberían prohibir los festejos taurinos y apuntarse a la pequeña historia que contaban la pareja de humoristas, Tip y Coll hace ya algunos años. La escena sería, más menos así:

[Dos ancianos sentados al sol en un asilo]. Uno de ellos dice:

-Donde esté una buena corrida que se quite el fútbol. El otro le responde:

-Y los toros.

En fin, dejemos que siga el debate y luego decidan. Está entretenido.