lunes, 29 de marzo de 2010

IR AL GIMNASIO

Durante años, muchos he mantenido varias razones para no pisar un gimnasio. Básicamente he mantenido que estos recintos cansan, de eso no hay duda, se suda mucho; también huelen, creo que tampoco hay duda de eso, aunque ahora ya no se usan aquellos ungüentos para los masajes, hoy son aceites orientales y esas cosas; por último no iba al gimnasio para no dar envidia, si envía porque ya medirán ustedes, los kilos de más o la falta de flexibilidad son el producto de años de vida sedentaria, siendo constante en esa actitud, algún exceso en la comida y alguna cerveza de más.

Con ese argumentario, más o menos en broma me he mantenido lejos de estos templos del esfuerzo, sin embargo las necesidades obligan y ahora después de estar liberado del corsé, tres largos meses, ya voy a quemar calorías, caminar a ninguna parte y usar máquinas que ejercitan músculos que pensaba que yo no tenía y que sólo aparecían en los libros de anatomía. He comprobado que tengo esos músculos y con máquinas infernales los ponen a trabajar, aunque al finalizar la sesión se rebelan, así que tengo agujetas hasta en la raíz del pelo.

No importa, no voy a claudicar, todavía porque estoy viendo que necesito esos ejercicios y mi espalda se queja, pero recibe con ánimo el esfuerzo.

Ah, se me olvidaba es gimnasio tiene piscina y ahí después de unos largos estilo propio, como no podía ser de otra manera sale uno más fortalecido, aunque pasado un rato las agujetas te martirizan.

Bueno, ya voy al gimnasio seguro que es bueno para todos, así que permítanme que se los sugiera.