viernes, 26 de marzo de 2010

OTRAS LECTURAS: LOS PICHICIEGOS. RODOLFO E. FOGWILL

El próximo día 2 de abril se cumplen 28 años del comienzo de los que se llamó. “La Guerra de Las Malvinas”, que enfrentó a Argentina y al Reino Unido. La fecha marca el desembarco de tropas argentinas en las islas y así se inicia un conflicto que una de las dictaduras más crueles de América del Sur se “inventó” para tapar los crímenes y la contestación social que en aquellos momentos se disparaba, no sólo por la falta de libertades, la represión y el progresivo empobrecimiento. El general Leopoldo Galtieri, jefe de gobierno piensa que la presión sobre la Junta Militar puede aminorarse con un problema externo y la exaltación del patriotismo más simple. No cabía otro mundial de fútbol.

Es posible que la Junta Militar no contara con la reacción de Margaret Thatcher, primera ministra inglesa y de sus vecinos americanos que miraron hacia otro lado. El resulta fue un conflicto relativamente breve en el tiempo, finalizaría en junio de 1982, poco más de dos meses, pero que dejaron no sólo pérdidas humanas, sino la triste y penosa imagen de un ejército donde sus jefes dedicados a la represión, al enriquecimiento personal y todo tipo de desmanes por la impunidad con la que contaban, enrolan a jóvenes de reemplazo que viven la guerra casi, creo que sin casi, como carne de cañón. Las condiciones y lo mal preparados que estaban se perfila perfectamente en “Iluminados por el fuego”, 2005 del director Tristán Bauer.

En 1983 publica Rodolfo Enrique Fogwill, “Los Pichiciegos”, que Periférica ha editado en España en febrero de 2010. Si la vida de los soldados argentinos retratados en la película tienen unas condiciones límites, en la novela de Fogwill se desciende aún más es esa escalera que lleva hasta lo que la mente humana es incapaz de imaginar. Los pichiciegos, soldados desertores que viven en medio del campo enterrados para subsistir son el retrato vivo de quienes hicieron la guerra, no los Galtieri y compañía, sino la tropa que fue allí, no sabía a qué, salvo a pasar frío, hambre y reunir casi todas las papeletas para morir, morir por una patria que se había llevado a muchos de sus familiares y amigos y que le negaba lo esencial, la libertad.

Lo del nombre lo dejo para que lo descubran si consideran interesante la lectura de esta novela. Les dejo con algunos párrafos. Espero que les resulten interesantes.

“Comieron aquella tarde noche. Eran las once pasadas cuando se repartieron las raciones y los jarros con guiso de cordero caliente. Entre todos tomaron cuatro botellas de Tres Plumas comentando el espectáculo del polvorín de los marinos y cada tanto una vibración suave del suelo daba idea de que en algún lugar muy lejos algunos estarían bombardeando mucho a otros.

-¡Los muertos que han de haber hecho…! –dijo Manzi, un callado.

-No tanto… A esa hora todos andarán en refugios… -se pensó.

-¿Y alcanzan los refugios?

-Si, han de alcanzar –el que decía esto era el Ingeniero.

-¿Cuántos muertos? –preguntó alguien desde lo oscuro.

-Cien –apostó uno.

-Mil –exageró otro.

-Dos mil –duplicó el primero.

-Trescientos –corrigieron.

-Trescientos cincuenta y seos –cantó una voz en cordobés.

-¡Buen número! –la voz del Turco había opinado.

-¿Cuántos somos aquí? –quería calcular Pipo.

-Dicen que diez mil.

-Diez mil… ¡No pueden matarnos a todos!

-No, a todos no, ¡a la mayoría! –dijo Rubione.

-Vilela, dicen que mató a quince mil –dijo uno, el puntano. [ob.cit. págs. 65-66]

ILUMINADOS POR EL FUEGO