viernes, 1 de agosto de 2008

DOHA, NUEVO FRACASO


Pocas, muy pocas esperanzas habían puestas en las nuevas conversaciones celebradas en Ginebra. Las culpas de este nuevo fracaso se reparten, no por igual, entre quienes defienden a ultranza el proteccionismo de su sector agrícola, los Estados Unidos o la Unión Europea y las potencias emergentes China, India o Brasil que hoy juegan un papel significativo en este mundo ya multipolar, pues las potencias emergentes aportan el 60% del crecimiento en la producción mundial.
De este choque de intereses sólo salen perjudicados los más débiles, una parte significativa de países, países pobres con una dependencia casi total de una agricultura de monocultivo, asociada una producción local con rendimientos muy bajos y que con el alza de precios de los cereales amplía la geografía del hambre.
No hay esperanza para esa parte del mundo en los próximos meses y quizás años, pues ni el cambio de presidencia en los Estados Unidos aporta algo de luz a este futuro tan pesimista. Como dice el propio Pascal Lamy: “Creo que la apertura del comercio y la reducción de los obstáculos al comercio han sido, son y seguirán siendo esenciales para promover el crecimiento y el desarrollo, mejorar los niveles de vida y reducir la pobreza”. Muchos compartimos esta idea, pero el problema que quienes tienen que compartirla no lo hacen.
Seguiremos en un mundo muy fracturado.