sábado, 2 de agosto de 2008

DOHA EN LA PRENSA

Lo de Doha ha sido un fracaso y ya había dicho que la culpa era compartida, aunque no por igual. Me permito transcribir algunos artículos aparecidos en prensa en los últimos días. Es un poco largo, pero espero que llame la atención y analicemos lo que pasa en este mundo de desequilibrios.


Oxfam critica 'hipocresía' de países ricos en ronda OMC

LUNES 21 DE JULIO DE 2008

La Ronda de Doha de la Organización Mundial del Comercio se lanzó en el 2001 con el objetivo de reducir la pobreza e impulsar el desarrollo económico a través de la eliminación de las barreras comerciales mundiales.

GINEBRA (Reuters) - La sugerencia por parte de Estados Unidos y la Unión Europea de que los países emergentes necesitan realizar grandes concesiones comerciales significa que hay pocas esperanzas de un acuerdo esta semana dentro de la Ronda de Doha, dijo el lunes el jefe de la organización Oxfam.

Las declaraciones formuladas por la representante comercial estadounidense, Susan Schwab, y por su par europeo, Peter Mandelson, diciendo que se necesitan esas concesiones para alcanzar un acuerdo que liberalice el comercio mundial, son "intolerables," consideró Jeremy Hobbs.

El director ejecutivo de la organización no gubernamental dijo que la crisis en los precios de los alimentos y el petróleo, combinada con los problemas económicos, habían creado dificultades en los países pobres, lo que hace incomprensible esperar que ellos den más dentro de las negociaciones.

"La hipocresía quita la respiración y Oxfam es escéptica de que un acuerdo sea posible en ese contexto. Es extremadamente importante que la gente no se salga con la suya repitiendo 'los países en desarrollo están bloqueando las conversaciones,"' sostuvo.

La Ronda de Doha de la Organización Mundial del Comercio se lanzó en el 2001 con el objetivo de reducir la pobreza e impulsar el desarrollo económico a través de la eliminación de las barreras comerciales mundiales.

Pero las negociaciones han enfrentado numerosos obstáculos por las diferencias entre los países ricos y pobres, sobre todo en materia de agricultura.

En el primer día de una ronda de encuentros de ministros en Ginebra, los países ricos y pobres intercambiaron acusaciones sobre quién debería dar el primer paso y en qué magnitud.

Los activistas contra la pobreza dijeron que temían que Brasil, India y otras naciones emergentes se vean presionadas en las negociaciones.

Nathan Irumba, embajador de Uganda ante la OMC entre 1996 y el 2004, dijo que temía que se presione al mundo en desarrollo para aceptar propuestas que perjudicarían a los países más pobres.

"El proceso realmente es preocupante," dijo Irumba, que ahora preside un centro de estudios africanos sobre negociaciones comerciales.

(Editado en Español por Inés Guzmán)


Caracas, jueves 31 de julio, 2008
Opinión


No lloren por Doha

Las negociaciones de la Ronda de Doha bajo el auspicio de la Organización Mundial del Comercio (OMC) han muerto una y otra vez. No obstante, con la excepción de los burócratas en Ginebra, Bruselas y Washington, son pocos los que están de duelo.

Esto se debe a que la economía mundial avanza sin un tratado de la OMC. En los siete años en que se han extendido las negociaciones de Doha, el flujo anual del comercio mundial ha aumentado un 70 por ciento, la inversión extranjera directa anual se ha incrementado un 25 por ciento y la economía mundial se ha expandido en un 30 por ciento.

Estas tendencias pueden continuar, sobre todo si los gobiernos aplican más reformas nacionales de "facilitación del comercio". Así se denomina a la agilización física y administrativa de los procedimientos necesarios en el desplazamiento de mercancías a través de fronteras, reformas que ya han contribuido a un generoso aumento en el comercio mundial, las inversiones y la producción.

De hecho, experiencias pasadas demuestran que la facilitación del comercio por sí sola podría contribuir aún más por aumentar los flujos comerciales mundiales que nuevas reducciones arancelarias. Por ejemplo, si en América Latina se redujera el tiempo necesario para que las importaciones y las exportaciones puedan cumplir con las aduanas y otros requisitos administrativos al promedio de los países en la OCDE, el comercio entre la región y el resto del mundo aumentaría en $122.000 millones por año.

Si bien la reducción de aranceles por mandato ejecutivo es, en efecto, un componente importante en el aumento del comercio, el nuevo nivel de aranceles no puede mejorar el flujo comercial si el procedimiento burocrático de aduanas y la mala calidad logística y de comunicaciones prevalece. En los países en desarrollo, la transacción aduanera promedio implica entre 20 a 30 intermediarios y exige 40 documentos diferentes para ser completada, según un estudio de la ONU en el 2004.

Sin embargo, se han llevado a cabo grandes avances en la facilitación del comercio. En los últimos tres años, 55 países han ejecutado 68 reformas para agilizar los procedimientos. Colombia recortó en 10 días el tiempo para exportar al extender los horarios de los puertos e implementar un proceso selectivo de inspección de carga. Al modernizar su sistema de declaración en línea, Brasil redujo en un 50 por ciento los requisitos para el envío de carga. Costa Rica disminuyó en una semana el tiempo de trámites al permitir a los comerciantes enviar sus declaraciones electrónicamente. República Dominicana abolió el requisito de una factura consular. Si bien estas acciones han alentado una mayor inversión y flujos comerciales, todavía quedan mejoras por hacer.

El último informe Haciendo Negocios del Banco Mundial ofrece la anécdota del exportador de pescado yemenita, Tarik, quien no puede mejorar su estándar de vida por la persistencia de procesos burocráticos que limitan la exportación. Tarik puede vender atún fresco a Alemania por un valor de $5,20 por kilo o atún congelado a Pakistán a $1,10 por kilo. Por supuesto, él preferiría vender todo el pescado fresco a Alemania. Desgraciadamente, dado que toma en promedio 33 días para obtener el permiso oficial para la exportación desde Yemen, Tarik sólo vende 300 toneladas de atún fresco a Alemania y 1.700 toneladas congeladas a Pakistán, a un costo de oportunidad de cerca de $7 millones de dólares por año.

El comercio aumenta cuando caen las barreras. Los aranceles son barreras formales, pero también lo son la corrupción, la incompetencia administrativa, el papeleo superfluo, los monopolios del transporte y el uso de tecnología anticuada. Los gobiernos están cada vez más motivados a reducir estos obstáculos ya que las empresas, el empleo, la inversión y el crecimiento se ven afectados por las políticas que el país adopta hacia la facilitación del comercio.

Los acuerdos multilaterales para reducir las barreras formales al comercio son buenos para todos. Pero, incluso si la tambaleante Ronda de Doha colapsa, el comercio y el crecimiento económico podrían seguir creciendo con reformas unilaterales correctas.

Daniel Ikenson es director asociado del Centro de Estudios de Política Comercial en el Cato Institute (www.elcato.org). Correo electrónico: dikenson@cato.org

Doha, soja y otras paradojas

Por Raúl Dellatorre

Página 12; sábado, 2 de agosto de 2008

Durante cuatro meses, el gobierno nacional vivió enfrentado con las patronales rurales por un choque de intereses y proyectos de desarrollo contrapuestos. El conflicto se cerró no con la definición del triunfo de un proyecto sobre otro, sino con el bloqueo de una medida instrumental con la que el Gobierno tímidamente intentaba dar una señal del sentido hacia el cual apuntaba: castigar la concentración del capital agropecuario y un modelo de monocultivo para exportación en detrimento de la producción de alimentos. El bloque dominante agropecuario resistió y logró mantener el statu quo, sin permitir siquiera aquel tímido paso. Esta semana, marcada por la muerte del acuerdo comercial que la OMC intentaba alcanzar en las tratativas conocidas como Ronda de Doha, pareció reproducir un conflicto similar pero a escala global. Las potencias económicas mundiales, Estados Unidos y la Unión Europea, luchando por imponer sus condiciones y hacer pesar sus ventajas comerciales y tecnológicas frente a países en desarrollo o directamente pobres. El acuerdo fracasó, pero no el propósito de los países centrales de seguir haciendo prevalecer su peso.

Y no es que entre proyectos antagónicos no pueda haber puntos de conciliación o consensos, si se acuerda postergar definiciones de fondo. Lo que ocurre es que en un contexto de crisis (del capitalismo, del sistema monetario mundial, de producción de alimentos y materias primas en general) esos consensos se hacen más difíciles. Y si los que dominan no ceden parte de lo que están en posibilidad de apropiarse, el camino es el conflicto.

Argentina, como Brasil o Uruguay, tienen gobiernos que enfrentan el modelo neoliberal que heredaron, aunque con contradicciones. Venezuela, Bolivia y ahora Ecuador expresan más abiertamente la intención de ruptura del viejo modelo, aunque no exentos de tropiezos y contramarchas. Todos y cada uno de ellos deben rearmarse detrás de cada impacto que reciben de parte de los núcleos de poder atados al viejo modelo. El gobierno de Cristina Kirchner dio muestras, en los últimos diez días, de intentar retomar la iniciativa en el plano económico por caminos diferentes a los de la disputa por la renta agropecuaria. Anunció la renacionalización de Aerolíneas, desempolvó el Consejo del Salario y actualizó el mínimo vital y móvil, anunció la movilidad jubilatoria, descongeló las tarifas eléctricas residenciales del área metropolitana manteniendo subsidiados los bajos consumos. En la semana entrante podría anunciar mejoras en las asignaciones familiares para sectores de bajos ingresos y reducciones impositivas para trabajadores de medianos y altos ingresos. En diez días, puso en marcha más acciones que en los seis meses anteriores. No tiene mucha precisión hablar de un relanzamiento del Gobierno, pero sí de una puesta al día.

La dirigencia agropecuaria busca consolidar su triunfo contra las retenciones móviles reclamando participar de la discusión de una nueva política agropecuaria. Si se dijera que quieren cogobernar sonaría excesivo y, sin embargo, quieren más que eso: tener poder de veto sobre las políticas oficiales.

En tanto, en la Secretaría de Agricultura y Ganadería se diseñan propuestas que tienen muy poco que ver con el reclamo de las entidades pero, también, escasa relación con los comentarios y trascendidos, como el de un nuevo esquema de retenciones a las exportaciones que elevarían las actualmente vigentes. En cambio, Carlos Cheppi y su equipo trabajan –como hipótesis, al menos– en propuestas para mejorar los ingresos y dar sustentabilidad a las producciones en zonas marginales y encontrar algún tipo de subsidio en favor de pequeños productores. Pero realmente pequeños, con explotaciones de una, cinco o diez hectáreas. No de 200 o 300 y en la pampa húmeda, como los “pequeños terratenientes” que defendían las organizaciones rurales. En la semana próxima también avanzará en el Congreso el proyecto de reforma de la ley de arrendamientos, con la cual se buscará dar cierta protección al productor que alquila campos ajenos para trabajar. Todos estos proyectos provocarán rechazo y resistencias de parte de los grandes propietarios de tierras y explotaciones, pero al menos expresarán muy claramente cuáles son los sectores beneficiarios. Algo de lo cual el Gobierno no terminó de convencer cuando lanzó las retenciones móviles.

Como en las discusiones de la Ronda de Doha, a veces lo más difícil es poner en claro qué sectores se benefician más con cada posición. O, al menos, pareciera que es el aspecto que algunos más se empeñan en ocultar. Si no, cómo se explica que la propuesta del secretario general de la OMC, Pascal Lamy, para un nuevo pacto de comercio global (baja de aranceles y apertura de mercados a la importación) fuera rechazado por India, China e Indonesia, acompañadas de Argentina, Venezuela y Cuba, entre otras naciones en desarrollo, porque no protegía debidamente a sus economías de la inundación de productos de países desarrollados. Y a la vez, Estados Unidos, la Unión Europea y la subordinada conducción de la OMC con Lamy a la cabeza se desgañitaran culpando a los países que se opusieron de haberles hecho perder la oportunidad a sus agricultores de mejorar notablemente sus números con una baja de aranceles como la que ellos propusieron.

Celso Amorim, canciller de Brasil, que sorprendió votando en favor de las grandes potencias, no se privó de hacer alusión al reciente conflicto en Argentina señalando que “hay sectores de la economía argentina que estaban de acuerdo con la postura brasileña; todos nuestros agricultores hoy se están lamentando”.

No se equivocó. Su caracterización es correcta. Hay sectores terratenientes argentinos que hacían opción por el modelo propuesto por la dirección de la OMC: abrir las posibilidades a las exportaciones de granos de países como Argentina, a cambio de que esos mismos países les sirvieran en bandeja sus mercados a los productos industriales y tecnológicos de las grandes potencias. Se trata de la célebre división internacional del trabajo, tan vieja como los primeros estudios de economía de la historia; un esquema que hace dependientes a aquellos países especializados en producción primaria respecto de los que desarrollan los sectores más dinámicos.

Un sector agropecuario concentrado que sólo piensa en su beneficio personal va a apoyar este tipo de modelos, como bien advierte Amorim. Aunque esta opción se transforme con el tiempo en un modelo esencialmente injusto, con mucho ingreso de divisas pero sin trabajo. Lo que no se les puede negar a estos sectores es coherencia: el mismo modelo que apoyaron en el conflicto por las retenciones internamente es el que respaldaron en la discusión en la OMC. Y es el mismo que defendieron históricamente. Aunque no siempre haya un Amorim para transparentarlo.

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