domingo, 18 de enero de 2009

FALTA POCO

El pasado sábado, 17 de enero Francisco G. Basterra titulaba su columna: “Faltan 72 horas para el cambio de siglo”. Las esperanzas puestas en el nuevo presidente de los EE UU no tienen parecido; las expectativas de cambio superan, creo a las creadas con la caída del muro de Berlín, el desmantelamiento de la Unión Soviética o, incluso el fin de la segunda guerra mundial. Sin ser pesimista es posible que sean demasiadas las ilusiones puestas, y ver en el nombramiento del 44º presidente de los EE UU la panacea para casi todos los males me parece casi de carta a los Reyes Magos. Manejar un país con más de treinta millones de pobres, con un sistema tributario desigual e injusto, que en los últimos ocho años ha ampliado la brecha entre ricos y pobres, hasta el punto que trabajadores que cobran el salario mínimo tienen que acudir a la ayuda de organizaciones asistenciales para poder llegar a fin de mes; con la esperanza de vida en algunos estados de la Unión similares a países subdesarrollados, con una mortalidad infantil en términos parecidos y con más de cincuenta millones de personas sin acceso a un sistema de asistencia sanitaria; un sistema público de enseñanza, deteriorado, que contribuye a mantener la brecha social es una carga significativa. A este “catálogo” de desajustes hay que unir los conflictos bélicos en los que está inmerso, junto con la permanencia de centros de detención, no solo Guantánamo- donde no se cumplen los derechos de los detenidos y como éstos otros frentes abiertos que hacen del próximo martes veinte de enero la fecha del cambio de siglo. Que sea para bien.