miércoles, 25 de junio de 2008

YA HICE LA PRUEBA DE ACCESO A LA UNIVERSIDAD


Sí, ya hice la PAU estuve los tres días compartiendo con los alumnos esos momentos de tensión, nervios, dudas de última hora, despistes, pérdidas de documentos de identificación, gafas. De casi todo nos encontramos los que estábamos allí de correctores. El primer día, el aulario de Guajara y las facultades de Derecho y Económicas parecían un hervidero, casi tres alumnos pululaban por los pasillos, daba la impresión de que aquello no iba a comenzar. Sin embargo, la eficacia del personal de la Universidad de La Laguna (ULL) hizo que a la hora prevista empezara la llamada del alumnado, en algún caso ni oían su nombre, pero una vez dentro de las aulas nos dimos unos minutos, los profesores, para calmar ánimos, dar confianza a los chicos y hacerles ver que estaban allí por méritos propios y si habían superado el bachillerato, seguro que iban a realizar un buen trabajo en la prueba que les esperaba. En algún caso ni las buenas palabras ponían tranquilidad en sus cuerpos. Es verdad que es la primera vez que se enfrentaban a un ejercicio de esa naturaleza, no los contenidos sino el entorno, pasan a ser códigos de barras, anónimos frente al acogimiento que cada uno trae de su centro.

Y se abrió el primer sobre de la prueba y la tensión se rompió, empezaron a trabajar y los compañeros de las distintas materias pasaban por las aulas para aclarar dudas, más, menos, pero con atención a cada una de las peticiones. En algún caso la preguntas es más buscar la seguridad y cercanía de la persona que está allí que otra cosa, pero es comprensible, lo necesitan y no cuesta nada tener una palabra amable, un gesto que sirva para tranquilizar ánimos. Comparto con los compañeros un buen ambiente y todos con la misma idea, ayudar hasta donde sea posible a los jóvenes.

Y así los tres días, maratonianos, para ellos, pero gratificantes para los adultos, con trabajo, pero ves que se derrumban esas cosas que se dicen de los que están en el examen. Pelos de colores, aros, piercing, todos personalizados. Quienes no creen en los jóvenes o piensan que siempre están tumbados o no les preocupa nada, un paseo esos días por los centros donde se realizan los ejercicios puede que les haga cambiar de idea. No es la prueba definitiva, pero si muy determinante.

Llega la corrección, otro maratón para los correctores y que tenemos que afrontar con paciencia y ánimo. Antes de comenzar los coordinadores nos reúnen a los correctores y ponemos en común los criterios, ya públicos desde comienzo de curso, y después del reparto, equitativo y a la soledad de la corrección y la autodisciplina para acabar con tiempo volver a mirar y no equivocarte en las sumas parciales de las notas. Terminas, entregas los exámenes después de un fin de semana donde no ves la calle, pero esperas ser lo más equilibrado posible y si te has equivocado que sea a favor del alumno.

Las notas, la parte que he corregido, no está nada mal, hay muy buenas notas y salvo algún caso muy concreto el resto ha hecho ejercicios bastante completos. En fin tu materia puede que no les dé disgustos; creo que las demás tampoco porque los resultados en general son buenos y en mi centro se puede mejorar pero poco más, ya que el índice de aprobados está alrededor del 98%, si el 98%; ha sido un éxito para los chicos y eso ayuda al clima que pudimos compartir en la entrega de orlas donde se respiraba un buen ambiente y de máxima participación. Nunca había visto el salón de actos con tantas personas y tantos semblantes felices. Termina un año y ahora pensar en el siguiente curso. Por cierto, viendo lo que he visto en los días de la PAU y en la entrega de las orlas, tanto para bachillerato como para los ciclos formativos, creo que podré cobrar mi jubilación. El alumnado trabaja, estudia y sobre todo, son ciudadanos en proyecto y con futuro.