martes, 3 de junio de 2008

JUAN JOSÉ SEBRELI


Al fin en España se podrá conocer mejor la obra de un intelectual argentino, Juan José Sebreli, 1930, y todo gracias al premio obtenido por su nuevo ensayo, Comediantes y mártires, cuatro iconos de la Argentina. El que su obra no estuviera publicada en España nos ha limitado su conocimiento.

Sus ensayos, en los se muestra como un defensor a ultranza de la Ilustración frente a la irracionalidad del romanticismo y de las exclusividades identitarias que tanto daño han hecho y hacen a los ciudadanos, son casi de lectura obligada para recuperar el espíritu de la Ilustración que tan lejos parece que nos queda. Recuperemos ese espíritu y hagamos del mismo el soporte de la ciudadanía.

Me voy a permitir transcribir algunos párrafos de las obras que considero más significativas, o por lo menos que a mi más me han ayudado a tener dudas, reflexionar, que es de lo que se trata.

I -El Asedio a la Modernidad, 1991; ed. Sudamericana

Cierta historiografía destinada a desprestigiar a España basándose en las piadosas idealizaciones de Las Casas, presenta unas imaginarias civilizaciones indígenas anteriores a la conquista donde reina la paz, el amor entre los hombres, la igualdad. La realidad con la que se encontraban los conquistadores era muy distinta: las tribus luchaban a muerte por el derecho a la propiedad de la tierra y por el poder, existían la esclavitud y los imperialismos, los pueblos más fuertes dominaban a los más débiles, las religiones exigían sacrificios humanos. No se trata por cierto de volver al maniqueísmo de la historia escrita por los vencedores donde se enfrentan indios malos con blancos buenos, pero tampoco se puede aprobar el maniqueísmo simétricamente opuesto; lo contrario de un error no tiene por qué ser la verdad. (págs. 273-274).

Este párrafo es un aviso para los defensores de la imagen del buen salvaje tan usada durante el siglo XIX y que mantiene de forma artificial alguno de los mitos nacionalistas No hace falta que les diga ejemplos.

II- El olvido de la razón, 2006; Ed. Sudamericana

La Ilustración aspiraba al consenso universal acentuando lo que había de común entre los hombres. El romanticismo antiilustrado, por el contrario, desdeñaba la razón y la ciencia, que permitían concebir a la humanidad en su totalidad, y enfatizaba aquello que separaba a los hombres: la nacionalidad, la etnia, la raza, la religión, el folclore, las artes populares, las costumbres, lo singular e intransferible de cada comunidad, rechazando los modelos extraños y las normas universales. Las ideas ilustradas de individuo y humanidad quedaban subsumidas al concepto romántico de comunidad, y la libertad era sometida a la identidad cultural. Pág. 12.

Creo que de todas sus obras esta podría ser la que yo recomendaría con más énfasis, sobre todo por los tiempos que corren, mejor cabalgan sobre los derechos individuales, sobre las ideas de la Ilustración y por donde pueden, porque la ciudadanía no pone freno a este deslizamiento hacia posiciones cada vez más reaccionarias.

III- El tiempo de una vida, 2005; Ed. Sudamericana

MI SITIO

Nací en el barrio sur de la ciudad de Buenos Aires el 3 de noviembre de 1930, en una familia de clase media baja de origen proletario. Estos datos iniciales, en apariencia tan generales, permitirían inferir una parte previsible de mi biografía: aquella donde obras fuerzas sociales impersonales, entidades abstractas que, en términos filosóficos, se llaman necesidad, leyes causales o determinación, y en el lenguaje metafórico, destino, fatum, estrella.

No elegí mi época, mi país, mi lengua, mi ciudad, mi clase social, mi familia, ni mi cuerpo; éstos me han sido impuestos, conforman la buena o mala suerte que he tenido en la trama del mundo. Pág. 17.

La autobiografía es un recorrido por Buenos Aires, la intelectualidad, las lecturas, en definitiva la vida de una ciudad hecha de aluvión, de emigrantes.