jueves, 19 de junio de 2008

DOLOR


El pasado miércoles 18, leo en un periódico local en versión digital el macabro, muy macabro, titular que daba cuenta de la muerte, de forma traumática, de un mecánico de aviación en el aeropuerto reina Sofía en el sur de Tenerife. Omito los datos porque no aportan nada nuevo. Al leerlo, piensas en primer lugar en el joven, su muerte violenta, su familia y luego, desde la ignorancia aventuras alguna hipótesis. En segundo lugar te gustaría conocer al redactor del periódico por lo poco afortunado del titular, que buscando el impacto cae en la trivialización del dolor. Las protestas de los lectores se hicieron notar, hasta el punto que creo que más tarde se cambió el referido titular. Hasta aquí la primera parte de este hecho de forma general. En el ámbito más particular hoy me entero de quien es el desafortunado que ha perdido la vida y quien es su padre, persona a la que conozco y aprecio porque por su profesión me ha dedicado algo de su tiempo y no para atender mis dolencias físicas, que también, sino a escucharme en unos momentos en los que estaba en un pozo y no veía la luz porque estaba escarbando. Creo que tardaré mucho tiempo en superar la impresión que me he llevado porque el dolor lo siento cercano y supongo que no hay dolor más insufrible que la pérdida de un hijo por lo que tiene de transgresión de la propia naturaleza, ya que se altera el orden de la pervivencia. Si el dolor se pudiera trocear y compartir me haría cargo de una parte del que soportan los padres de este joven. Espero que el tiempo, que no cura las heridas, pero mitiga el pesar de la ausencia sirva que en la medida de lo posible intenten vivir. Su otra hija y sus amigos lo desean de corazón.