domingo, 4 de julio de 2010

LECTURAS: VERANO. J. M. COETZEE


Con Verano, Mondadori, 2010 ya ha completado una trilogía sobre sus memorias. En los primeros títulos Infancia, 2001 y Juventud, 2002 afronta de forma directa esas etapas de su vida, incluso descarnada, ajeno el relato a una postura de halago, de minimizar rasgos que se pueden considerar como "negativos" en su vida. La estructura de esta nueva obra como biografía novelada es original, ya que el relato se fundamenta en unos cuadernos de notas tomados entre 1972 y 1975 que están en manos de un investigador inglés dispuesto a escribir sobre el fallecido Coetzee, escritor sudafricano. El conjunto de notas giran en torno a la relación del escritor con varias mujeres.

La originalidad el planteamiento permite al autor tomar distancia y así el lector va a recibir la versión, fundamentada en una relación más o menos intensa en lo personal y amplia en el tiempo que de él tienen esas personas. El retrato de cada una de esas mujeres permite al lector configurar una imagen y comprobar que pese a no tener relación entre ellas, comparten elementos comunes. Blando, incapaz de amar, retraído son algunos de los calificativos que Coetzee recibe.

Las relaciones familiares, su padre fundamentalmente, la situación de su país y la posición de Coetzee frente al apartheid son algunos de los temas que abordan las mujeres entrevistadas por el ficticio investigador.

Sobre su forma de narrar no me atrevo a hacer ningún cometario, salvo que como oí en una ocasión el nobel para Coetzee es una prueba de que no siempre se equivocan en la adjudicación del mismo, sino todo lo contrario.

Les dejo con algunos párrafos. Espero que les resulten interesantes.

--“Dice usted que no le presentó a su familia. ¿No le parece extraño?

No, en absoluto. Cuando nos conocimos su madre había fallecido, su padre no se encontraba bien, su hermano estaba en el extranjero, sus relaciones con el resto de la familia eran tensas. En cuanto a mí, era una mujer casada, de modo que nuestra relación, hasta donde llegó tuvo que ser clandestina.

Pero, por supuesto, hablábamos de nuestras respectivas familias, de nuestros orígenes. Yo diría que lo que distinguía a su familia era su condición de afrikáners en el sentido cultural pero no político. ¿Qué quiero decir? Piense en la Europa del siglo XIX. Vemos en todo el continente identidades étnicas o culturales que se transforman en identidades políticas. El proceso comienza en Grecia y se extiende a los Balcanes y Europa central. Pronto esa misma ola rompió en la colonia de El Cabo. Los criollos de habla holandesa empezaron a reinventarse como la nación afrikáner y agitarse para conseguir la independencia nacional.

Pues bien, de una manera u otra, esa ola de entusiasmo nacionalista pasó de largo ante la familia de John. O bien decidieron no dejarse arrastrar por ella.

--¿Mantuvieron su distancia debido a la política asociada con el entusiasmo nacionalista, es decir, la política antiimperialista?

Sí. Primero les turbó la manifiesta hostilidad a todo lo inglés, la mística del Blut und boden. Más adelante les disgustó la política que los nacionalistas copiaron de la derecha radical europea: racismo científico, el control de la cultura, la militarización de la juventud, una religión del Estado y todo lo demás.

--Así pues, usted considera a Coetzee, en general, como un conservador, un antirradical.

Un conservador cultural, sí, como muchos modernistas fueron conservadores culturales, me refiero a los escritores modernistas europeos que fueron sus modelos. Tenía un profundo apego a la Sudáfrica de su juventud, una Sudáfrica que en 1976 empezaba a aparecer un país de nunca jamás. Como prueba, no tiene más que leer el libro que le he mencionado, Infancia, donde verá una palpable nostalgia de las antiguas relaciones feudales entre los blancos y los mestizos. Estaba a favor de las texturas sociales antiguas, complejas, que tanto ofendían a los metódicos dirigistes del apartheid. [ob. cit. págs. 231-232]

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