miércoles, 24 de febrero de 2010

ESTAR EQUIVOCADOS

Dos perros de aspecto muy fiero ladraban hasta desgañitarse. Sus ojos ribeteados de rojo miraban fijamente, enseñaban los colmillos, mientras sus ladridos resonaban en aquella calle. Habían atemorizado a todos los viandantes provocando a su alrededor una especie de vacío. Se quedaron solos. Ya sus gargantas eran como las de los hinchas de fútbol castigadas por los gritos, el tabaco y el alcohol.

Después de un buen rato ladrando, uno de ellos le dice al otro:

-Oye viejo, creo que estamos equivocados

-Sí, creo que sí, contestó. Ambos se miraron y dieron media vuelta. La estatua ecuestre objeto de su ira siguió impertérrita, mientras las palomas le cagaban en la cabeza.