domingo, 8 de febrero de 2009

IBARGÜENGOITIA OTRA VEZ


Después de leer “Relámpagos de agosto” en busca de respuestas para esa cuestión que me he planteado desde hace algún tiempo sobre la condición de estado fallido de México –se pueden incluir otros estados americanos-, pero me resulta interesante esta búsqueda de respuestas. No las encuentro sino que surgen más dudas.

Pues en esa búsqueda, el encuentro de Ibargüengoitia me ha permitido conocer mejor su obra, interesante, muy interesante, aunque no llego al apasionamiento de Enric González, que escribía en El País en diciembre de 2007 lo siguiente: “Hoy vamos a terminar enseguida: si no ha leído a Jorge Ibargüengoitia, compre alguno de sus libros y léalo. Es muy probable que no encuentre nada en las librerías españolas, lo que demuestra, una vez más, que la vida puede estar muy bien, pero el mundo está muy mal. Si tiene un amigo en México, consiga que le envíe las obras de Ibargüengoitia. Si no tiene ese amigo, laméntelo amargamente. Insisto: lea a Ibargüengoitia. Ya está dicho lo esencial”. [Un sarcástico incurable]

Digo que mi apasionamiento no llega hasta ahí, pero sí me atrevo a sugerir su lectura, bien los relámpagos de agosto donde “arrastra” a la revolución y los revolucionarios mexicanos y que ya he comentado en alguna ocasión. Revolución en el jardín publicado por Reino de Ronda recoge una serie de artículos publicados, la mayoría, en El Excelsior de México. Inigualable el artículo que da nombre al libro y del que me permito transcribir unos párrafos. Que lo disfruten.

REVOLUCIÓN EN EL JARDÍN

Mi último día completo en La Habana lo pasé acatarrado, entre sábanas bebiéndome el Bacardí que me había mandado, como regalo, el Instituto Cubano de la Amistad con los Pueblos, masticando pastillas de Anahist fabricadas en Morris Plains, New Jersey, que habían llegado a Cuba gracias al canje de invasores prisioneros, leyendo Valle-Inclán y perdiéndome el único acto público importante que ocurrió en La Habana durante mi estancia: el Desfile de Carnaval.

Esto fue en 1964. Era un domingo de Cuaresma, el personal de la Casa de las Américas se había ido en masse a Santa Clara, al entierro de la Directora, y el resto de la población estaba en el Desfile. No hubo necesidad de hablar con nadie.

En la noche puse en la maleta la ropa, la botella de Demo Sec, la caja de Partagás, el disco de música cubana, y le pedí a la telefonista que me despertara a las cinco de la mañana. El avión salía a las siete.

El aeropuerto estaba lleno de gente muy distinta a la que ve uno en las calles de La Habana. Los hombres llevaban traje y corbata, las mujeres sombreros blancos de los que las americanas se ponen los domingos para ir a misa; los niños, con abriguitos de martingala, andaban entre las piernas de los adultos, jugando con unos cochecitos y haciendo rabietas porque sus mamás no los dejaban hacer pipí sobre las valijas.

-Durante el viaje no digan “gusano”, porque el avión vállenlo de ellos –nos advirtió Alicia Riva, la encargada de despedirnos.

A los empleados aduanales les dijo:

-Éstos son invitados del Gobierno.

No abrieron nuestras maletas. A los demás viajeros, en cambio, incluyendo dos septuagenarias y un paralítico, los desnudaron y les registraron el aparato digestivo, en busca de objetos de valor.

Mientras tanto, Alicia Riva nos contó la historia de su vida: estudios en Estados Unidos, matrimonio, seis hijos, Revolución, trabajo en el ICAP…

Terminó el registro y nos formamos para abordar el avión, entre nuevos ricos que se habían quedado en la miseria, jovencitos insolentes, matronas autoritarias y estridentes, el paralítico en una silla de ruedas empujada por dos parientes, etc. Todos parecían contentos de salir de Cuba.

El Britannia, repleto, echó a correr por la pista, y de un golpe de alerones se libró de las palmeras y los almendros; se elevó, viró al occidente, dejó atrás la costa cubana, pasó cerca de Yucatán, voló sobre las aguas plomizas del Golfo, y en poco más de tres horas fue a aterrizar en la ciudad de México que estaba oculta por una nube de polvo. [p.44-45]