domingo, 15 de febrero de 2009

DIARIO DE HANNA LÉVY-HASS


La lectura del diario de Hanna Lévy-Hass, “Diario de Bergen-Belsen, 1944-1945” Galaxia Gutenberg, 2006 nos conduce a lo más oscuro y siniestro de lo que es capaz el ser humano. El paso de Hanna por el campo de Bergen- Belsen se describe en este diario de manera estremecedora y sientes el peso de la maquinaria de muerte maquinada por el nazismo alemán, en busca del exterminio judío. Con sobrecogimiento extremo vas pasando línea a línea y en cada una de ellas el sufrimiento se multiplica. El dramatismo y dolor que transmite es equiparable a lo que ya hemos podido leer en autores como Primo Levi, Jean Améry, Robert Antelme y otros que han descrito el horror con sobriedad en las quejas, pero prolijos es detalles.

El prólogo de este conmovedor relato es de Amira Hass hija de Hanna, periodista, y profunda defensora de los Derechos Humanos. Con cierto alejamiento creo que para evitar una fácil emotividad, describe los recuerdos que su madre le dejó cuando niña y nos sitúa en los últimos años de Hanna y sus deseos y esperanza por conseguir un mundo mejor.

Les dejo con algunos párrafos del prólogo y del diario. Que los encuentren interesantes.

PRÓLOGO

Durante la segunda mitad de los años ochenta del pasado siglo, Hanna Lévy-Hass sopesó la posibilidad de volver a establecerse en su país natal, Yugoslavia. […] Aunque había nacido en Sarajevo, Belgrado se le quedó grabada en la memoria como una ciudad más moderna y por tanto más adecuada para su “retorno” […] A tal fin decidió alquilar una habitación en cierto piso, dispuesta como estaba a empezar una vida nueva. La casera la observó mientras Hanna miraba por la ventana hacia la calle. Sabía que su futura inquilina era judía, y no se le ocurrió nada mejor que decirle:

-Desde aquí, desde esta ventana, veíamos como se llevaban a los judíos.

Eso le bastó a mi madre, no sólo para no alquilar una habitación en aquel piso, sino también para comprender que su lugar no estaba en Belgrado.

Resulta un poco extraño: ¿fue necesario que mi madre oyera aquella observación tan falta de tacto de aquella mujer, para saber que de muchas ventanas, gentes de Belgrado habían estado mirando cómo reunían a los judíos para ser transportados a un destino desconocido durante la ocupación alemana de la ciudad? ¿Acaso no existen esas mismas “ventanas” en otras muchas ciudades europeas?

[…] En lugar del campo de prisioneros que había habido en Bergen-Belsen y que no estaba ocupado por completo, en abril de 1943 se estableció un campo de concentración para judíos con el fin de retener en él a los que tuvieran, además, la nacionalidad británica o estadounidense, y a los que, en caso de necesidad, pudieran ser intercambiados por alemanes detenidos en Gran Bretaña o en Estados Unidos.

En su diario Hanna escribe:

BB. 26.8.44. Hay algo que me desconcierta profundamente, y es ver que los hombres son mucho más débiles, menos resistentes que las mujeres. Física e incluso, en muchos casos, moralmente. No saben dominarse y con frecuencia manifiestan una penosa falta de valor. En sus caras y gestos, el hambre provoca expresiones mucho más alarmantes que los de las mujeres […]

BB. 8.11.44. Me encantaría sentir algo agradable y estético, que se despertasen en mí sentimientos elevados y afectivos, emociones dignas. Es difícil. Estrujo mi mente pero no acude nada. Nuestra existencia tiene algo de salvaje, de cruel. Lo humano se ha reducido a cero. Los vínculos de la amistad sólo se mantienen por la fuerza de la costumbre, y normalmente domina la intolerancia. Los recuerdos de lo bello se han borrado, los disfrutes artísticos de antaño son algo inconcebibles en el estado en el que nos encontramos. El cerebro esta como paralizado, la mente violada.

Las heridas morales son tan hondas que nuestro ser entero se ha atrofiado. Tenemos la impresión de que un muro espeso y macizo nos separa del mundo normal de antes. La capacidad emocional está como embotada, ha desaparecido. Uno ya no se acuerda ni de su propio pasado. Por muchos esfuerzos que haga para reproducir algo de mi vida anterior, por mínimo que sea, no acude a mi mente ningún recuerdo humano.

No estamos muertos pero somos unos muertos. […]


Imágenes del campo de BERGEN-BELSEN en mayo de 1945 [+]