lunes, 2 de febrero de 2009

EL ÁRBOL

Lo tenía todo. Era la envidia de sus iguales. Los humanos le admiraban.

En su sombra las parejas se habían besado, los viejos habían hecho recuento de su pasado, alguna madre había amamantado a su bebé, sin embargo él no era feliz. Poco a poco fue perdiendo su lozanía y verdor. Sus iguales veían su deterioro sin encontrar explicación. Nunca supieron el por qué. No lo confesó nunca, pero quería caminar.