sábado, 30 de junio de 2012

LECTURAS: TRILOGÍA DE LA OCUPACIÓN. PATRICK MODIANO

          “En el mes de junio de 1942, un oficial alemán se acerca a un joven y le dice: -Usted perdone, ¿dónde está la plaza de la Estrella? Y el joven señala el lado izquierdo del pecho” [chiste judío].

            Así comienza El lugar de la estrella, 1968; Patrick Modiano [1945-] y que forma parte junto con La ronda nocturna, 1969 y  Los paseos de circunvalación, 1972 de la trilogía publicada por Anagrama y el Círculo de Lectores en 2012.

            En poco más de ciento veinte páginas Modiano logra dibujar un personaje muy cambiante, judío, antisemita y colaboracionista en ocasiones, mientras que en otras reivindica su condición de judío, que vive en la Francia ocupada, que sirve de telón de fondo, desdibujado, eso sí, para el desarrollo de las actividades de nuestro truculento personaje. La arquitectura de Raphaël Schlemilovicth, protagonista, tiene en su definición elementos biográficos que pone Modiano, así su madre por su condición de actriz muy ligada a la vida nocturna junto con cierta dependencia de un oficial nazi para sortear su condición de judía. De su padre, también cercano a la noche, a los negocios poco claros y próximos al poder establecido en aquel momento.

            Hay dos elementos que creo son importantes para enmarcar esta novela, el primero es la juventud del autor, no vivió la guerra y el momento en el que la escribe. Todavía a finales de 1968, Francia no había digerido el conflicto. La dualidad entre los resistentes al nazismo y los colaboracionistas con los invasores es algo que todavía rumiaba en las cabezas de los que vivieron la guerra y se trasladaba a quienes no la vivieron. “Los impecables efectos del bálsamo De Gaulle persisten”, afirma José Carlos Llop en el prólogo de esta trilogía, sin embargo no es fácil la convivencia y el olvido. Los esfuerzos para borrar parte del pasado se hicieron, pero aún así el recuerdo se vuelve casi indeleble porque son huellas que van más allá de lo meramente superficial. El caso del velódromo, también llamada operación “viento primaveral” es un  ejemplo de la acción más execrable de colaboracionismo francés. Ni la demolición física del edifico en los años sesenta borrará este episodio.

            Con estos elementos se construye esta novela, corta como ya indiqué, concisa, dinámica, de frases cortas y en algunos casos desasosegante por lo poliédrico de nuestro personaje. Les dejo con algunos párrafos, esperando que les resulten sugerentes.

            “Era la época en que andaba dilapidando mi herencia venezolana. Había quien no hablaba más que de mi radiante juventud y de mis rizos negros; y había quien me colmaba de insultos. Vuelvo a leer por última vez el artículo que me dedicó Léon Rabatête en un número especial de Ici la France: “…¿Hasta cuándo tendremos que presenciar los desatinos de Raphaël Schmilovitch? ¿Hasta cuándo va a andar paseando ese judío impunemente su neurosis y sus epilepsias desde Le Touquet hasta el cabo Antibes y desde La Baule hasta Aix-les-Bains? Lo pregunto por última vez: ¿hasta cuándo la gentuza forastera como él va a seguir insultando a los hijos de Francia? ¿Hasta cuándo tendremos que estar lavándonos continuamente las manos por culpa de la mugre judía?...”. En ese mismo periódico, el doctor Bardamu soltaba, al hablar de mí: “…¿Schmilovitch? … ¡Ah, qué moho de gueto más apestoso!..., ¡soponcio cagadero!... ¡Mequetrefe prepucio!..., ¡sinvergüenza libano-guanaco!..., rataplán… ¡Vlam!... Pero fíjense en ese gigoló yiddish…, ese jodedor desenfrenado de niñas arias!..., ¡aborto infinitamente negroide!...” [ob. cit. pág. 21]