
Lehane con los personajes que dibuja, el policía reivindicativo, los negros Luther y Babe; el primero alguien de la calle, que se mueve en el sustrato más bajo y que da por bueno estar en Boston, llega huyendo, pero en esa ciudad se ahorcan pocos negros; Babe es un negro triunfador, no en el boxeo, más propio en este momento, pero sí en el beisbol. Este triángulo tiene otras conexiones que colocan al lector frente a un friso de personajes y situaciones en las que los intereses, los miedos, la reacción a la famosa epidemia de gripe, o a los bolcheviques, por ejemplo, y el ejercicio del poder con pocos controles y menos escrúpulos nos conducen, casi como espectadores de una proyección de la vida en la ciudad, perfectamente delineada y solo se echan en falta los aromas y pestilencias de la misma.
Puede que las distintas tramas que se organizan den la impresión de un abigarramiento presuntuoso o un intento desmesurado de abarcar distintas historias, aunque es cierto que Lehane logra un equilibrio entre ellas y mantiene el interés del lector sobre todas. No quiero desentrañar su contenido, pero nuestro protagonista blanco, policía y en huelga da mucho juego a lo largo de la obra y su protagonismo nos conduce por momentos estelares en la lectura.
Les dejo con algunos párrafos y espero que si deciden leer Cualquier otro día, les resulte interesante.
Danny observó a Johnny Green acercarse y vio algo en su mirada que no le gustó, algo desconectado. Johnny Green miró al público, miró al ring, miró a Danny pero no vio nada. De hecho, lo miraba todo y a la vez miraba más allá de todo. Era una mirada que Danny ya había visto antes, particularmente en las caras de individuos borrachos como cubas o de víctimas de una violación.
Steve se acercó por detrás y le cogió el codo.
-Mills acaba de decirme que ésta es su tercera pelea en veinticuatro horas.
-¿Cómo? ¿De quién?
-¿De quién? De Green. Anoche tuvo una en el Crown de Somerville, esta mañana ha disputado otra en los apartaderos de Brighton, y ahora aquí lo tienes.
-¿Cuántos asaltos?
-Por lo que sabe Mills, anoche fueron trece como mínimo. Y perdió por KO.
-¿Qué hace aquí, pues?
-El alquiler –contestó Steve-. Dos hijos, una mujer encinta.
-¿Por el puto alquiler?
El público se había puesto en pie: las paredes temblaban, las vigas vibraban. Si el techo salía disparado hacia el cielo, Danny no se sorprendería. Johnny Green accedió al cuadrilátero sin bata. Se detuvo en su rincón y golpeó un guante contra otro, con la mirada fija en algo dentro de su cráneo.
-Ni siquiera sabe donde está –observó Danny.
-Sí, sí que lo sabe –contestó Steve-, y ya viene hacia el centro. [ob. cit. págs. 48-49]