jueves, 20 de agosto de 2009

OTRAS LECTURAS: BERLÍN NOIR

Creo que ya lo he dicho en alguna otra ocasión: no soy un asiduo lector de novela negra, me acerco a este género en función de leer sobre seguro cuando conoces al autor, caso de Mankell, por ejemplo, del interés de la recomendación o la curiosidad. Cuando tuve noticias de la obra de Philip Kerr: Berlín Noir, tetralogía de novela negra ambientada en Alemania en un periodo que abarca desde los años previos a la segunda guerra mundial, hasta la década de los cincuenta.

De la mano del ex-policía Bernie Gunther, metido a investigador privado, descreído social y escéptico por naturaleza recorremos la Alemania de los años treinta donde se fragua el auge del nazismo. Las relaciones de Bernie nos permiten conocer las aristas de un estado policial donde los derechos se van diluyendo y la política racial se va consolidando en Alemania sin que haya una contestación social clara y cuando la hay es reprimida brutalmente.

Hasta ahora he leído tres de las cuatro partes de esta obra: Violetas de marzo y Pálido criminal nos llevan hasta el año 1938 presentado la sociedad previa al conflicto de la segunda guerra mundial; Réquiem alemán se sitúa en el final del conflicto y en ella Bernie hace referencia al periodo de la guerra y como lo vivió. La ocupación de las potencias vencedoras, las relaciones con los vencidos, el mercado negro y en general la vida en la posguerra, así como la estrategia de huida de los oficiales nazis que lograron escapar a la justicia es lo que vemos reflejado en esta tercera entrega. Por el contenido Berlín Noir tiene hasta un carácter pedagógico y creo que ayudaría mucho a quienes quieren conocer un poca más y mejor esta etapa de la historia y como el auge de los estados autoritarios se consolida poco a poco con la anuencia de la ciudadanía, por lo menos con parte de ella.

Me queda la última parte, pero para evitar la saturación es mejor darse un respiro y leer otras cosas. Les dejo con un texto de Réquiem alemán que formula una pregunta que sigue sin respuesta. Que lo disfruten.

“Y luego, unos días antes de que me dieran el alta, lo comprendí, y al comprenderlo sentí náuseas. Como era alemán, a esos estadounidenses les producía escalofríos. Era como si, cuando me miraban, les pasaran un documental de Belsen y Buchenwald dentro de la cabeza. Y lo que aparecía en sus ojos era una pregunta: “¿Cómo pudisteis permitir que pasara? ¿Cómo pudisteis dejar que una cosa así continuara?”.

Quizá, al menos durante varias generaciones, cuando otras naciones nos miren a los ojos será siempre con esa misma pregunta silenciosa en el corazón”. [págs. 430-431]