domingo, 13 de junio de 2010

LECTURAS: NECRÓPOLIS. PRÓLOGO DE CLAUDIO MAGRIS

Después de leer “Educación siberiana” de Nikolái Lilin; Salamandra, 2009 me apetecía rebajar la tensión en las lecturas, buscar un cierto remanso en lo que leería a continuación. Así lo hice, aproveché que había cobrado y le di un arañazo profundo a la tarjeta. Fruto de ese arañazo cayeron, entre otros, dos novelas editadas por Impedimenta, dicho sea de paso, me encanta el formato de edición, la textura del papel e incluso el aroma es distinto. En fin leí, casi de un tirón “La librería” de Penélope Fitzgerald, Impedimenta, 2010 y “La hija de Robert Poste” de Stella Gibbons, también de Impedimenta de este año 2010. Deliciosas ambas y muy recomendables. En medio han ido cayendo, en pequeñas dosis, los poemas de José Emilio Pacheco recogidos en “Tarde o temprano” [Poemas 1958-2009] de TusQuets editores, 2010. Ya las comentaré, pero mientras llegó a mis manos “Necrópolis” de Boris Pahor donde el horror se hace presente con toda su crudeza y sin que su autor, que cuenta su vivencia en un campo de presos judíos de muestras de resentimiento cuando vuelve al campo después de muchos años como “turista”. Fluyen los recuerdos, el dolor y las vivencias donde la vida no valía ni el peso del aire que se respiraba.

Casi no lo he leído, pero si he releído con verdadera fruición el prólogo de Claudio Magris a esta obra, que como siempre afina sus reflexiones de manera que las ideas expresadas tienen la nitidez y la transparencia que le dan argumentos sólidos como el granito. Me quedo con lo que expresa sobre los nacionalismos, que me parece concluyente. Ya comentaré sobre el resto de obras que he leído, pero con más calma.

El fascismo y el nazismo ciertamente surgen de los nacionalismos, pero no sólo de ellos, sino de una reacción particular (étnica, social, económica, política, cultural, e incluso a veces religiosa) a la renovación radical que, con la Primera Guerra Mundial y las sucesivas guerras, ha destruido el viejo orden europeo. Para desactivar su mecanismo mortal es necesario destruir cualquier fiebre de identidad, cualquier idolatría de identidad nacional, auténtica cuando se vive con sencillez, pero falsa y destructiva cuando se ensalzan ídolos o valores absolutos y se tienen delirios de superioridad sobre los otros. [ob. cit. pág. 14]